The last hippie standing

Ayer fui a correr a la playa. Por cierto me quemé los pies, me salieron unas ampollas de película. Mientras corría atravesé la única playa nudista que hay en Miami, bueno, en el Sur de la Florida. Y mientras atravesaba la playa alguien gritó mi nombre de entre la multitud peluda y desnuda. Una pareja amiga, medio en bolas, me invitó a un par de manzanas desde su primera fila nudista. Allí me senté, y a ratos me tenté, pero mantuve los pantalones, por aquello de no ofender a los presentes… con mi cicatriz. Al rato de estar sentado mis ojos dejaron de mirar al infinito para comenzar a enfocarse en las personas que tenía al mi alrededor. Un grupo de unos quince nudistas, justo enfrente de nuestras sombrillas, todos rondando los cincuenta y tantos. Todos en bolas, menos algunas mujeres. Todos se saludaban de piquito en la boca, ellas con tetas falsas, todas iguales, producidas por el mismo cirujano. Ellos con tatuajes desgastados y descoloridos, con pendientes en los pezones y algunas orejas. Unas más grandes, otras más pequeñas, todas muertas. Uno hablaba de la dificultad de pararla. Otra de cómo el marido se lo hizo la noche anterior por horas en su jacuzzi después de no encontrar a nadie de su agrado en uno de los clubes swingers más famosos de Miami. Otra de cómo la piña le humedece su cosita. Muchos comentaban de el pete de marihuana que se habían pegado en el club la noche anterior. Otra repartía gambas cocidas en un bowl con salsa roja en otro. Todos metían las manos en las gambas previo a haberse rascado los huevos. “No thank you, I’m alergic” le dije cuando me ofreció de sus gambas cocidas. No habría pelos porque todos estaban afeitados hasta la coronilla.

Yo los miraba y los estudiaba. Ninguno menor de 50 años. Estos son los últimos hippies practicantes, entre comillas. Si bien algunos sí daban la impresión, la mayoría se delataba al conversar de los colegios de pago, los partidos de soccer, y las galletas de las girl scouts. Son hippies porque fuman maría, se comparten las mujeres y van a la playa en bolas, pero viven en los suburbios de Miami, manejan la Suburban y votan al partido republicano. Nacieron en los 60s, admiraron a sus hermanos mayores, con el pelo largo, la guerra, los Beatles, y crecieron queriendo siempre ser hippies. Fueron a las mejores universidades del país, dirigen sus negocios, hicieron dinero y entonces se metieron a hippies. De cualquier manera, a todos los sentí felices, y eso es lo que importa. Libres dentro de un sistema que no te da libertad. Han encontrado la manera de escapar de su rutina, aunque sea metiendo más gente en su cama. Yo cogí mis botellas, mis ampollas y mi gorra, y continué corriendo, que es lo que a mi me hace feliz.

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1 comentario

Archivado bajo Relato, Sexo

Una respuesta a “The last hippie standing

  1. Cris

    …buena pausa… algunos no son hippies…simplemente personas que no tuvieron juventud o quieren tenerla en tiempos modernos…que se yo…lo importante es que no comiste gambas, no te bajaste los pantalones y seguiste tu rumbo…feliz 🙂 jajajajaja….

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