Archivo mensual: septiembre 2011

L’Arnacouer

El rompecorazones, para los menos diestros con el francés. Una peli gabacha que vi anoche, muy divertida. Una comedia romántica como esas de día soleado en Nueva York, y con todos los actores muy guapos, y las actrices muy sexis. Me reí mucho, muy buena la historia. Una historia de amor. Me siento bien, feliz y espero seguir así muchos días, y meses, y años. No os perdáis el video!!

Peter Von Poehl / The Story Of The Impossible

Whatever happened to the great escape
The finest enemy.
Crafted with pride by monsters on the train.
The world is great to suckers

We have the story of the impossible
A tale passed on so frail
One of make-belief
Maybe impossible to achieve
And really close

Who sew the lion’s hungry in the cage
With the confidance of a clown
The little man who rises on the stage
As he falls without a safety net

We have the story of the impossible
A tale passed on so frail.
One of make-belief
Maybe impossible to achieve
And really close

Whatever happened to the great escape
And all the plans we make
Crafted with pride by Monsters on the train.
The world is great to suckers.

We have the story of the impossible
A tale passed on so frail.
One of make-belief
Maybe impossible to achieve
But oh so close

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Relato

Un amigo

Hace once años ayudé a un amigo. Le soplé que lo iban a despedir unos minutos antes de que lo hicieran, a él y a otras treinta personas, lo que le dio una ventaja para conseguir el trabajo que todavía conserva. Ayer lo volví a ayudar. Me siento bien, feliz.

1 comentario

Archivado bajo Relato

¿Por qué no bajan de peso?

Me preocupa la gente que no baja de peso. Estoy comiendo sano de nuevo, y haciendo ejercicio consistentemente, por su puesto no he bajado nada todavía, pero eso no es lo que me preocupa. Lo que me preocupa es ver la gente que lleva meses haciendo dieta y ejercicio, y siguen teniendo la misma barriga. Eso me desmotiva. Recuerdo a mi tío, hace muchos años, hacer 500 abdominales diarias, correr al menos una hora diaria, y seguía teniendo algo de barriguita. ¿Sería que no comía tan sano como él creía? En fin, yo sigo a lo mío a ver qué pasa.

2 comentarios

Archivado bajo Deporte, Reflexión

El pirata Juan Pelos

Una historia que le escribí, y leí a la hora de dormir, a mis hijos.

Había una vez un pirata que se llamaba Juan Pelos. Era un pirata peculiar, no era de esos piratas de pata de palo, ni de un solo ojo, ni de esos que llevan un loro en el hombro (Tierra, tierra, suelen decir esos loros). No, el pirata Juan Pelos era un pirata moderno. Era un pirata que tenía un celular, también tenía Play Station, y el pirata tenía en su barco una computadora y tenía muchos juguetes. Porque el pirata Juan Pelos se dedicaba a buscar niños, niños buenos que hacían sus tareas y que se portaban bien. Entonces el pirata los iba a buscar a su casa, y si veía que habían hecho todas sus tareas los invitaba a su barco pirata. El barco pirata de Juan pelos era gigante, y tenía un parque en la parte de arriba, y también muchas televisiones. No era un barco de esos de madera viejos, el barco pirata de Juan Pelos tenía todo un buffet de chocolate, y tenía salas llenas de galletas, y de helados.

Entonces un día el pirata Juan Pelos llegó a una casa de Filadelfia. Encontró dos niños que habían hecho todas sus tareas, y se habían portado muy bien. Entró en la casa de los niños, una noche cuando todo el mundo dormía. Y miró dentro de sus mochilas para encontrar una grata sorpresa. En la mochila de los niños estaba el reporte de sus maestras, que decía que habían aprobado todas sus lecciones. Entonces el pirata despertó a los dos niños, que con muy poco discurso los convenció a subirse en su barco. Los niños disfrutaron de todos los juguetes que había en el barco, y jugaron al PS3 durante horas, y también se comieron todo el chocolate posible. Comieron tanto que se quedaron dormidos en un sillón de la sala principal del barco. A la mañana siguiente el pirata preguntó por los niños que se habían quedado dormidos fuera de su habitación, pero los niños ya no estaban en la sala principal. El pirata y sus secuaces los buscaron por todo el barco. Pero no estaban. Buscaron en la sala de juegos, y en la de las televisiones, pero no estaban. Buscaron en el buffet de chocolate. Pero no estaban. Buscaron también en sus habitaciones, pero no estaban. Los niños habían desaparecido. El pirata quedó muy preocupado porque los niños ya no estaban en el barco. Entonces el pirata Juan Pelos encontró sus mochilas en la habitación y miró una vez más dentro de ellas con la intención de encontrar pistas de su paradero. Para su sorpresa encontró que el reporte de la maestra que Juan Pelos había leído era del mes anterior, y que el reporte de este mes decía que los niños no habían terminado su tarea. Oh no, gritó Juan Pelos. Entonces ya sé donde están los niños. Como no hicieron su tarea, el pirata Pedro Calvo se los ha llevado a su barco y los tiene encerrados en una celda. El pirata Pedro Calvo no era un pirata bueno, era un pirata de esos que no se bañaba nunca. Su mal olor recorría los mares llegando a todos las islas del planeta. Entonces el pirata Juan Pelos comenzó a buscar al pirata Pedro Calvo para así rescatar a los dos niños. Y conectó el GPS de su celular, y buscó en Google Earth y miró en Weather.com para rastrear las tormentas y así adivinar la probable ruta que el pirata apestoso pudiera haber tomado. Y así rastreó y rastreó los mares sin fin, con un solo propósito, encontrar a los dos niños encerrados en esa cárcel apestosa. Por fin, y gracias a su nuevo Iphone 5, llegó hasta una pequeña cala de una isla cerca de la costa mexicana. Allí, entre la niebla del amanecer pudo oler el barco del pirata Pedro Calvo, a lo lejos, encallado en una pequeña playa. Juan Pelos abordó el barco pirata de Pedro Calvo sin hacer ruido y con dos piratas de su tripulación. Recorrieron la vieja fragata de proa a popa, de babor a estribor hasta dar con la fría celda donde estaban encerrados los niños. Allí los encontró, tirados en el suelo con un lápiz casi sin punta y un libro mojado por las grandes olas del caribe. Los niños habían terminado todas sus tareas del mes, además habían hecho las tareas del mes siguiente. Todas correctas, sin ningún fallo. Tres más dos, cinco. Nueve menos siete, dos. Si tengo nueve tazas y siete son azules, ¿cuántas tazas rojas tengo? Dos. Habían coloreado todas sus hojas, siempre dentro de las líneas, y marcado todas sus letras como decía el ejemplo del libro. Los niños habían pasado los peores días de sus pequeñas vidas, encerrados en un barco apestoso, sin comida, ni bebida. Por eso decidieron hacer todas sus tareas, y justo cuando terminaron aparecieron tres hombres a su rescate. Uno de ellos era el pirata Juan Pelos, que había llegado para llevarlos de vuelta a su casa. Abordaron los cinco el barco gigante de Juan Pelos. Comieron chocolate, y galletas, y unos bocadillos de nocilla riquísimos. Hicieron más tareas para que nunca más apareciera el maloliente pirata Pedro Calvo. Y tres días después llegaron a su casa listos para regresar al colegio. Pasaron los años y nunca más vieron al pirata Pedro Calvo. Siempre hicieron sus tareas a tiempo, como le gusta al pirata Juan Pelos.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

4 comentarios

Archivado bajo Cuento

Llegó el otoño

O por lo menos ya no hace tanto calor!! Ayer corrí a las 4 de la tarde y pude al menos respirar.

Deja un comentario

Archivado bajo Deporte

La mente

Y no puedo pretender lo que no busco. Y tampoco es lo mismo lo que quiero que lo que deseo. No puedo desear algo que quiero. Y no puedo exigir algo que yo no cumplo. Esto es un claro ataque de ego, y de narcisismo. De hecho la que más me jode, sin querer a ninguna, fue la que no quiso comprar más chocolate. Y no porque pagara con una mejor moneda, sino simplemente porque no quiso comprar más. Lo mismo sucede al otro lado del río. ¿Y cómo hago para no mojarme? Pues ni la Mora sabrá. Pero para qué gastarme los 130 si tengo a mi padre. Pero es que la mente es muy jodida. Y no te digo nada del ego, y anda que el narcisista. Me duele la cabeza de ver que ahora sí estamos lejos. Me duele otra cosa de imaginarla. ¿Será que proyecto? Sería jodida la respuesta afirmativa porque tendría yo que renunciar al chocolate, que a pesar de estar a dieta, un gusto se lo debe dar cualquiera. A veces, más que nada esta semana, me pregunto si sacaré la cabeza. Trato de recordar cuando estaba bien pero no recuerdo la fecha. Miro hacia el frente pero el calendario está en blanco. Qué jodida es la mente.

1 comentario

Archivado bajo Reflexión

La edad

Ya no estoy para estos trotes. Es la edad y Robert lo sabe mejor que yo. Que cuando trasnochas necesitas dos días para recuperarte. El primero ni cuenta. El segundo se te va el dolor de cabeza. Y ya al tercero los ojos vuelven a enfocar. Qué jodida es la edad, y solo tengo 34.

2 comentarios

Archivado bajo Relato