Archivo diario: Miércoles, 3 agosto, 2011

Isabel

Me recuesto mientras enciendes la luz. Te gusta trabajar con la lámpara encendida y yo no me quejo porque así puedo ver como toma vida el verde escondido en cada rincón de tus ojos. Tus movimientos son lentos, te siento muy cerca. Yo cierro los ojos para hacer más lento cada segundo de nuestro encuentro. Juegas con mis labios. Tus besos metálicos me dan escalofríos, tus dedos saben a látex. Quisiera sentir la piel de tus manos y en tus ojos, ahora verdes, descubro que quieres decirme que sientes lo mismo.
Los dos tenemos claro esta situación. Es solo un trabajo, yo para recibir un servicio, tú unos cuantos dólares. Yo sigo tumbado mientras tú te mueves a mí alrededor, con esa seguridad que me intriga, con esa sensualidad que me excita. Mis ojos siguen cerrados. Siento tus dedos jugando con mis labios. Tu cara muy cerca de la mía pero a la vez tan lejos y protegida. Ahora estás a mis espaldas, abro los ojos para ver asomar tu cara, cada vez más cerca de mis labios. Tus senos golpean mi cabeza, yo la acerco más aún queriendo sentir cada centímetro de tus pechos. Tus ojos se despistan al abrir yo los míos, no dices nada, nunca dices nada. Tus besos me aturden, tu lentitud y suavidad me adormecen. Me enamoras con tus besos, o eso creo. Quizá confundo ese sentimiento al sentirme vulnerable entre tus brazos. Tú te enamoras de mis nervios. Quizá confundes ese sentimiento al dominarme con tus manos. Mi cuerpo está tenso. Mis músculos parecen estar dispuestos a contraerse, como queriendo vencer el escalofrío que seguro está por llegar. Entonces, con mucha suavidad colocas dos dedos en mi barbilla diciendo: mira hacia arriba y relájate.

Nos enamoramos durante media hora. Sin hablar, sin tocarnos, solo con la mirada. Tú trabajas, yo disfruto, acostado, mirando tus ojos atentos. Me incorporo mientras apagas la luz. La verticalidad me devuelve a la realidad. Nuestro amor ha terminado, yo sonrío, tú disfrutas orgullosa de tu trabajo. El tiempo nos volverá a dar la razón, cuando volvamos a enamorarnos, tú al tenerme en tus brazos, yo sentado en tu silla. Nos decimos adiós, tú con tu sonrisa cómplice, yo con la esperanza que dentro de tres meses quizás me digas, como buena dentista orgullosa, que dientes más lindos tienes.

Joaquín Duro

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