Archivo mensual: julio 2011

Las cartas de Santiago

Santiago miró por última vez por la ventana que había custodiado su humilde habitación durante dos años. El servicio militar se le hizo más largo de lo que jamás había imaginado, sobre todo las noches, y sobre todo los fines de semana. Santiago nunca dejó de escribir a Esperanza, pero ella nunca le respondió. Seiscientas ochenta y nueve cartas en setecientos treinta días de cuartel, y ni una sola respuesta. Santiago pensó muchas veces dejar de escribir pero siempre le venía a la cabeza el mismo pensamiento: y si Esperanza piensa que no me importa lo suficiente? Y si por alguna razón está tan ocupada que no puede escribirme pero está esperando que yo le escriba? Y Santiago seguía escribiendo. En otras ocasiones eran distintos los pensamientos que lo perturbaban. Sensaciones de rechazo, de menosprecio, lo torturaban sin sosiego. Entonces Santiago se armaba de valor mientras se decía a si mismo que ya no le escribiría más. Me voy a hacer el duro, susurraba en las noches. Pero pasaban unas horas y Santiago volvía a escribir.

El 16 de abril de 1927 Santiago miró por última vez por la ventana de su habitación. Al fondo, a lo lejos, cruzando la explanada del cuartel, brillaba la figura de Esperanza esbelta en un vestido blanco, sombrero rojo y zapatos de tacón. Santiago sintió la emoción que corrió por su tinta en las casi setecientas cartas que había escrito hasta ese día a Esperanza. Agarró su saco marrón con una mano, bajó las escaleras del edificio, y mientras cruzaba corriendo el inmenso patio del cuartel se sostuvo su gorra con la otra mano. Frenó en seco quitándose la gorra justo en frente de Esperanza. Vestida de blanco, hermosa, tan resplandeciente que le encandilaba los ojos, la muchacha ni se inmutó. Santiago se dio sombra en los ojos con su mano izquierda, y con el ceño fruncido descubrió que debajo del sombrero rojo no estaba Esperanza. Se colocó su gorra de lado, dio los buenos días y satisfecho salió caminando del cuartel. Santiago nunca más supo de Esperanza hasta muchos años después. En el pueblo alguien le dijo que Esperanza se había marchado a Roma con un vendedor de seda de la India, dos semanas después que él ingresara al cuartel. Esperanza le pidió al cartero que no le devolviera las cartas a Santiago, a pesar de que ella se marchaba del pueblo. Ordenó que las dejara en casa de su madre, y que nunca nadie respondiera de vuelta. Santiago entendió ese día, igual que lo hizo Esperanza años atrás, que él necesitaba alguien a quien escribir, sin importar si ese alguien jamás lo pudiera leer.

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Qué quieres ser de mayor?

Hoy extrañé mucho a mis hijos. La semana que los tengo los disfruto al máximo, tanto que cuando se van suspiro bien profundo, pero esa sensación me dura dos días. Enseguida ya el sábado los extraño casi con dolor. Al rato me doy cuenta que no es flato, ni un tirón en el estómago, sino que echo de menos a las dos fieras.

Hoy su madre me contó que estaba Sebas saliendo de la ducha chasqueando los dedos con un buen ritmo y le preguntó:

–    Sebas, vas a ser cantante de mayor?

Y Sebas, todo seguro de si mismo, la miró y le dijo:

–    Mami, yo voy a ser un hombre.

No hay duda que mi hijo tiene muy bien claras sus prioridades.

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Tuberías

Estoy comiendo mejor para limpiar las tuberías. Pero las del coco, con qué se limpian?

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I’m gonna get myself connected

‘Cause something ain’t right.

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Mi abuela y el Tour de Francia

Hoy empieza, o inicia el final del Tour de Francia. La Vuelta a España, el Giro de Italia y el Tour me recuerdan a mi abuela. Al verano, a Palma, a Calas y por su puesto a mis bicicletas. Cuando vivía en España me pasaba el día en la bici, sobre todo en verano. Hacíamos con Carlos y Álvaro la Vuelta a Manacor, contrarrelojes alrededor de Calas y sprints dentro del campo de fútbol. Me encantaba imitar a Pedro Delgado, y más tarde a Miguel Induráin. Todas las tardes, después del telediario nos sentábamos en el sofá a ver las tres carreras. Eran tres meses seguidos de ciclismo y mi abuela, que no entendía nada de la carrera, disfrutaba viendo el paisaje. Ella se sentaba a mi lado, siempre con algo de ganchillo en sus manos y unas agujas en sus sobacos, y disfrutaba de ver esas praderas, los caballos, las ovejas y la gente gritar amontonada a la orilla de la carretera. Decía que esos paisajes le recordaban a su pueblo, y más de una vez la Vuelta pasó por la puerta de su casa, Archivel (Caravaca de la Cruz). Espero que mi abuela esté viendo este año el Tour porque los paisajes son cada día más bonitos y las etapas cada año más emocionantes. Extraño ver el Tour con mi abuela, extraño montar bicicleta por Mallorca (por cierto algún año haremos la isla en bici) pero sobre todo extraño a mi abuela Rosalía.

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Flaco

Y buscando la foto de Raúl que bajé del internet encontré esta que me hice hace unos meses cuando empecé a hacer ejercicio de nuevo y a comer más sano. Creo que estoy más flaco. Creo.

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Y sigue siendo Raúl

Hoy me preguntaron que quién era mi jugador favorito de fútbol. Me tomó un tiempo encontrar un nombre en mi cabeza. Repasé la plantilla del Madrid, Kaká, CR7, Casillas, Xabi, pasé a la de España, Xavi, Iniesta, Villa, Torres y no encontré la respuesta a la pregunta. Entonces me acordé del que ha sido mi jugador favorito por los últimos 15 años, Raúl González Blanco, y lo sigue siendo.

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