La paradoja de la soledad

No sé estar solo. Es más, no me gusta, nunca me ha gustado. Desde pequeño siempre hacía cosas con mi tío o con mis amigos. Íbamos a correr, a la montaña, de acampada, a ver aviones, a hacer bodas, jugaba al fútbol, montaba bicicleta, iba a la piscina, a la playa, al cine, de marcha, todo siempre con mi tío o mis amigos. Solo iba solo a comprar el pan, el periódico y a cortarme el pelo, y lo odiaba. Odiaba ir solo por la calle. Solo, la calle, mi mente y yo. No me gustaba ir solo conmigo, los dos solos. Simplemente me gustaba y me gusta estar con alguien.

Ayer mis roommates, y uno de mis mejores amigos, Robert, me insistía en que tengo que aprender a estar solo, a disfrutar de estar solo. Qué bonito es cuando aprendes a disfrutar la vida solo. Y me presumían de lo bien que se lo pasan solos. La vida y ellos, solos. En un mundo donde ermitaño, reservado e introvertido son adjetivos negativos, en un mundo donde la gente se suicida por depresión, por soledad, en un mundo donde tantos le tenemos miedo al aislamiento, ¿por qué seguimos intentado aprender algo negativo? ¿Por qué no aprendemos a tener más amigos?

Yo me niego a estar solo. Para mí estar solo no es algo bueno, no quiero aprender a estar solo, sino quiero aprender a tener más amigos, a cuidar los que tengo, a ofrecerles lo que tengo. No quiero ir solo a la playa, quiero ir con Matilde. No quiero ir solo de viaje por Europa, quiero ir con Robert. No quiero ir solo a comer sushi, quiero ir con El Pelao. No quiero ir solo de marcha, quiero ir con mis amigos. No quiero bañarme solo en mi piscina, quiero invitar a todos y hacer hamburguesas, o carne. No quiero correr solo, quiero correr con mi tío, o con mi grupo los sábados en la mañana. No quiero ver el Madrid solo, quiero verlo con mi hermano y Raúl. No quiero viajar por Mallorca solo, quiero hacerlo con mi tío. No quiero arreglar el jardín solo, quiero hacerlo con mi padre. No quiero vivir solo, quiero hacerlo con mis hijos.

No quiero estar solo, quiero estar acompañado.

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2 comentarios

Archivado bajo Reflexión

2 Respuestas a “La paradoja de la soledad

  1. Robert

    Por suerte te expliqué luego a qué SOLEDAD me refería…
    A mi, tampoco me gusta estar solo, ni de coña!!
    Con quién sino pudiese haber comentado sobre esos ojos celestes que me miraron… y reírnos del papel ajado en tu mano sudorosa… y planear más risas…

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