Archivo mensual: junio 2011

Ese metal precioso que es la serenidad

A Marcos el encanta cantar. A Sebas le gusta la música, pero Marcos tiene un oído especial. Le estoy enseñando los grandes grupos del rock, la mayoría música en inglés, pero a partir de la semana que viene empezará con Hilario Camacho, Miguel Ríos y sobre todo El Último de la Fila y Manolo García.

Creo que me sé todas las letras de todas las canciones de El Último, y más tarde en solitario Manolo García. Astronomía Razonable, o el Nuevo pequeño catálogo de seres y estares o Nuevas mezclas, me recuerdan a gran parte de mi vida. Desde los doce años hasta hoy. Si me perdiera en la isla de Lost espero poder hacerlo con la discografía completa de Manolo y de El Último de la Fila, o al menos tener acceso a Internet para escucharla en Grooveshark.com, reciente descubrimiento gracias a mi hermano. Es como el “spotifive” europeo, ese que tanto menciona mi tío Sebastián pero que no sé muy bien como se escribe, y estoy cansado para ir a Google a buscarlo (son las 12:05 de la noche, casi madrugada). Cuándo deja de ser noche para pasar a ser madrugada, o cuando es ya la mañana? O sea, son las 9, 10, 11, y hasta 12 son de la noche. Pero ya a la 1, 2 o 3, incluso 4 o 5 son de la madrugada, pero ya a las 6 en adelante solemos decir de la mañana.

Me voy a dormir escuchando a Manolo García. Me siento joven escuchando esa música con pinceladas de los 90, con letras magistrales, y arreglos de primera.

Piedra sobre piedra – El Último de la Fila
Entras sin llamar;
no te esperaba y el azar
como una trampa te tendió
en mi camino.
Yo nada pedí
y presumia de vivir
en la contemplación,
en el deleite del placer,
en la ansiada calma.
Tú,
boca que es tenue luz,
túnel de amor,
lodo traidor
que me haces resbalar
entrelazado a ti,
no quieras más,
más no te puedo dar.
Pájaro espino, pájaro sol,
imploro tu favor, pido protección,
que su antojo lima mi débil voluntad.
Golpea en el yunque de mi obsesión,
golpea y golpea que forjarás
ese metal precioso que es la serenidad.
Tira otra piedra, que has de ayudar,
piedra sobre piedra he de levantar
el dique que frene el brío de su amor.
Crece, florece, crecido estás. al brote de tus tallos reverdeceras,
árbol de laurel que el invierno adormeció.
Tú,
vana presencia.
rosa en el ojal,
artificial,
nunca marchites.
Soplo de ausencia muero por verte,
muero de amor.
Rasga la trama,
que el aire va
surcando la saeta que el blanco erró
y que surcan las esquirlas de mi pedregal.
Tira otra piedra, que has de ayudar,
piedra sobre piedra he de levantar
el dique que frene el brío de su amor.

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Noticias

Unas buenas y otras malas. Las buenas son regulares, y las malas puede que no lo sean tanto.

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Agobio

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Cómo avanzar si estás estancado

Y ahora no puedo dormir. Llevo toda la semana durmiendo fatal. Por el rollo con mi padre, porque estaba durmiendo en el sofá desde el miércoles (con mucho gusto), porque he estado tomando café en las noches y porque no he hecho mucho deporte. Hoy porque me acosté a las nueve, precisamente lo hice por todas las razones que ya mencioné y que me tenían muerto. Quiero correr. Mañana iré a correr. Y mañana regreso a la Universidad. Ahora no sé si va en mayúscula, creo que aquí no, pero lo voy a dejar en mayúscula por la importancia que tiene (y porque es mi blog). En parte, no me ha venido tan mal el dormir en el sofá. De repente tenemos semanas donde avanzamos a pasos agigantados en nuestros procesos. Y creo que he descubierto el porqué (éste sí va junto y con acento). La razón de nuestros avances en tiempos de estancamiento se debe al rompimiento de la rutina. El dormir en el sofá, dejar de trabajar tres días, las visitas al hospital, la cercana muerte de mi padre, han hecho que saliera de mi rutina, y al salir buscas respuestas. Te obligas a encontrarlas. Yo he encontrado algunas. Como el tema de la Universidad. O de mi búsqueda, o de mi apariencia. Bueno, algunas respuestas no están tan claras pero por lo pronto mañana lunes regreso a la Universidad. Ahora sí me voy a dormir.

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Mi música

Temper Trap es el nombre del grupo. Sweet Disposition el de la canción. La encontré ayer en Youtube buscando videos de triatlón para mostrarle a mis hijos. Se la puse tres veces porque Sebas quería ver las bicis, Marcos quería ver las colinas. Por cierto Marcos a la tercera vez ya se sabía el estribillo. El crío tiene un oído especial para la música y recuerda las letras a penas con escucharlas una sola vez. Recuerdo que alguna vez yo era así, ahora no recuerdo haberme aprendido ninguna canción en mucho tiempo. De ésta me habré aprendido cinco palabras, y son muchas. Me gustó la entrada, el cambio de ritmo, la esperanza. Así me sucede con las canciones, bueno, creo que nos pasa a todos. Le encontramos algo, puede ser una estrofa, o el ritmo, o un solo de guitarra. A mí en lo particular me gustan las canciones donde se proyecta la voz, casi gritando, pero con estilo, tampoco gritar por gritar. Por eso me gusta U2, o Cold Play, Miguel Ríos, y muchos otros más. También me gustan donde no hay gritos, claro. Hilario Camacho, Bob Marley o Pink Floyd. Por su puesto The Beatles. Ésta, cuanto más la escucho más me recuerda a U2, o al menos a la guitarra de The Edge. No soy experto de música, tanto solo toco tres acordes de guitarra, y no seguidos por mi torpeza en la transición, y soplo algunas notas en la flauta. Pero eso no significa que no sepa de música. O sé al menos lo que me gusta o no. No me gusta la salsa, o el merengue, Ricky Martin o Luis Miguel, Paulina Rubio o Enriquito Iglesias.

Hoy no iba a escribir pero un niño me despertó. Luego leí un correo. Me espabilé. Llegué a Sweet Disposition. Es la sexta vez que la escucho mientras escribo sobre la música que me gusta. La canción habla de una meta. Yo estoy cerca de la mía.

Temper Trap – Sweet Disposition
Sweet Disposition
Never to soon
Ohh wreck less abandon
Like no ones
Watching you

A moment, a love, a dream, aloud
A kiss, a cry, our rights, our wrongs

So stay there
Cause i’ll be coming over
And while our bloods still young
It’s so young it runs
We wont stop till it’s over
Won’t stop to surrender

Songs of desperation
I played them for you

A moment, a love, a dream ,aloud
A kiss, a cry, our rights, ours wrongs

A moment ohh…

So stay there
Cause i’ll be coming over
And while our bloods still young
It’s so young it runs
We won’t stop till its over
Won’t stop to surrender

A moment, a love, a dream, aloud
A kiss, a cry, our rights, ours wrongs

[Repeat]

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I love this sport

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Regalos de la infancia

Me vicié a otra serie en Netflix. Tras la maratónica relación que he tenido durante los últimos ocho meses con Lost, he decidido intimar con otras series. Ya terminé de ver Spartacus, Dexter la tengo ya casi dominada y además ya me aburre su tono. No tengo fuerzas para empezar con 24 y True Blood no se puede ver online. Por lo tanto me lancé a ver Persons Unknown. Me la recomendó Adrián, un poco tostón, sobre una organización que rapta a gente para encerrarlas en un pueblo desierto y someterlos a un cierto programa de rehabilitación, bla, bla, bla. El caso es que en uno de los últimos capítulos y después de llevar más de tres meses raptados y lejos de cualquier contacto con la humanidad, el grupo secuestrador ofrece un regalo a cada uno de las siete víctimas. Todos son regalos sentimentales que significan mucho para cada uno de los implicados. Abren las cajas tras deshacer el lazo que las rodea a la vez que les cambia la expresión, una expresión de total sorpresa y asombro. Uno recibe el cinturón con el que le pegaba su madre, y que un día él utilizó en ella. Otra la bufanda con la que ahogó a sus padres, otro el balón de fútbol americano que recibió en el instituto tras conseguir la última anotación en la final casi 20 años atrás, otra la Biblia que pensó había perdido y la protagonista su muñeca favorita de la infancia. Regalos importantes. Regalos únicos. Objetos perdidos en el tiempo. Perdidos en la nostalgia.

Y yo pensé, qué recibiría yo. Quizá la guitarra que me regaló mi padre tras la carroza que representaba el Rock de una noche de verano de Miguel Ríos en las fiestas de Calas. Era una guitarra azul, de madera maciza, y yo jugaba a ser Miguel Ríos por los rincones de mi casa simulando un Re, o un Mi menor en un mástil sin cuerdas ni cejilla. O el barco pirata de playmobil que armó mi padre hasta las tantas en la sala del piso de Benidorm con el que yo imaginaba navegando por los mares del caribe en busca del tesoro más grande jamás visto. O el fuerte Randall, o el tren de vapor, o el escalextrix que armé con mi padre en la mesa camilla de la salita en la calle Limones. O el radio-cassette stereo que me regaló mi tío en mi primera comunión, con dos cintas que olían a plástico fino, una de Miguel Ríos y otra de Los Pistones en la cara B y yo soñaba con ser el último admirador, y que Miguel Ríos volvía actuar solo para mí y yo le decía lo que él quería oír. Ya nadie espera el próximo guión, el gran estreno en Nueva York se aplazó. O quizá las primeras zapatillas que mi tío me regaló cuando empecé a correr, unas Le Coq Sportif más feas que pegarle a una madre. Yo creo que él pensó: le compro las más feas para que cuando esté viciado se compre unas Asics y se enamore, así no deje de correr nunca. Y así fue. Cada vez que me compraba unas zapatillas nuevas, unas Asics siempre, las colocaba en la mesa de la sala de nuestro piso en Palma y las dibujaba. Anima Sana In Corpore Sano será mi lema hasta la muerte y se lo inculco a mis hijos todos los días. O no me importaría recibir el primer balón de fútbol que me regalo mi tío, el día que hice el primer reportaje, una comunión creo. Mil doscientas pesetas, eso le costó. Lo sé porque la etiqueta con el precio estaba todavía pegada en uno de los hexágonos. Pero a mi no me interesó el precio, ni si era mucho o poco para un niño de doce años. Solo recuerdo dormir abrazado al balón durante muchas noches, absorbiendo el olor a cuero, imaginándome en el Bernabéu. O mi primera cámara, una Minolta X-300s. O cualquiera de mis bicicletas. O alguno de mis libros de la editorial Barco a Vapor. O mi favorito, Kavik el perro lobo.

Por todos esos regalos, y a todos, gracias por los recuerdos.

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