American way

Al llegar a Estados Unidos muchas cosas llamaron mi atención. El pagar con tarjeta de crédito todo y gastar al mes más de lo que ingresas fue una de ellas. El que para verte con amigos y familiares se tenga que organizar estilo evento, en vez de ser una situación casual, cosa que todavía me choca. Y sobre todo me extrañó que todo el mundo tiene abogado y psicólogo. Pero no me extrañaba que alguna vez visitaran al psicólogo, lo cual me parece muy normal y entendible. O que hayan necesitado la ayuda de un abogado, que por su puesto es inevitable viviendo en este país, sino lo que me extrañaba era el sentimiento de posesión, e incluso de protección que siente el pueblo americano al tener bajo confianza estas dos figuras tan importantes de la vida gringa. Mi abogado y mi psicólogo son frases comunes del habitante de USA, y todo aquel que no las pronuncie no se considerará un estadounidense al completo. Protegidos contra cualquier repentina demanda o revés emocional.

La primera vez que yo hablé con un abogado fue para crear una corporación por ahí del año 2000. La segunda para que nos devolvieran quince mil lucas que habíamos puesto de deposito en una casa en el 2006. Luego para acojonar a una pareja gay que le había hecho las fotos de su boda y no me pagaron la otra mitad del trabajo. Y ahora, recientemente para hacer los papeles de mi divorcio. Y ya puedo decir que tengo abogado. El mismo que me recomendó a mi psicóloga.

Ya soy americano.

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