Mis hijos

Hoy me recibieron con los brazos abiertos al llegar a casa del trabajo. Cada dos semanas, los jueves entrego los niños en el colegio y no los vuelvo a ver hasta el miércoles en la tarde de la semana siguiente. Ese día, o sea hoy, me duele el pecho al pensar en mis hijos. Me duele de gusto, de ganas de verlos, de querer abrazarlos. Escucho su voz por teléfono durante la semana y me imagino sus caras, con su pelo de punta uno, y otro sobre su frente. Cuando los vi hoy me parecieron más niños, más mayores. Sebas me dio la impresión de haber crecido. Me vio entrar y caminó hacia mi con los brazos abiertos. Marcos llegó a mi altura justo después. No recuerdo muy bien qué me dijeron porque cuando llego me bombardean con las historias más relevantes de su semana. Uno me dijo “Papi, I’m sick” Otro “Papi, jugué al juego de pistolas de la Xbox, pero un buen rato nada más” Otro que quería venir conmigo a la tele y Sebas “Papi, yo soy bebiendo leche chocolate”.

Me fui a la tele y cuando regresé estaban durmiendo. Estoy deseando que se despierten mañana para comérmelos a besos.

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