Archivo mensual: febrero 2011

Dos multas en dos días

Yo sé que la culpa es mía, una por no poner el papel y la otra por no poner suficientes monedas, pero aún así me cago en la madre que parió a las multas.

Dos multas (de $18 cada una) en dos días consecutivos. Creo que debe ser un récord. Además, hoy me llega una carta de que debo ¢65 por una multa de febrero de 2010. Pero cuándo pijo me pusieron esa multa? No tengo idea. El caso es que hoy pagué tres pinche multas.

Mi pregunta es la siguiente: es la ciudad dueña del suelo? Por qué tenemos que pagar por dejar el coche tirado en el suelo?

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El rastro de tu sangre en la nieve

Ese es el título de uno de mis tantos cuentos favoritos. Cuando lo leí no imaginé lo que me marcaría ese libro, Doce cuentos peregrinos, de Gabriel García Márquez. Hoy entendí la importancia del rastro, o de su ausencia. Yo empecé a borrarlo, o al menos el rastro del futuro, porque el del pasado es más complicado olvidarlo. A partir de hoy no habrá rastro para seguir recordando, todo será parte del pasado.

Hoy sé que ya no sabré más de ti.

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Siempre quise ser mago

Cuando era pequeño soñaba con ser mago. Siempre me fascinaron los trucos de cartas, las desapariciones, las espadas, las chisteras y las capas. Todavía me fascinan. Desde pequeño mi tío me repetía una y otra vez los pocos trucos que ahora sé, haciéndome soñar con que algún día conocería esa energía oculta de otra dimensión, espacio o tiempo que seguro los magos deben conocer. Y yo soñaba con ser mago.

Veía en la tele a Juan Tamariz y Pepe Carroll hacer sus trucos infalibles, con sus chistes, su violín invisible, sus ágiles manos. En Calas de Mallorca el mago de turno hacia desaparecer una y otra vez a su ayudante, y yo, que me sentaba a un lado del escenario para descifrar sin éxito una salida secreta del baúl lleno de lentejuelas, regresaba a casa más convencido aún de que la magia si existía. Algún día yo seré mago.

Pero todo se fue quedando poco a poco en un sueño sin nitidez. Los imposibles trucos de cartas de mi tío ya carecían de magia. Eran simples combinaciones matemáticas, o compinches con un tercero, o simplemente habilidades con sus manos. Los aprendí todos menos ese de la posada donde terminan en la misma habitación la sota, el caballo y el rey. Seguro no tiene nada de magia ese truco tampoco. Años después descubrí una caja para magos principiantes en Pryca o Continente. Tenía unos cubos con doble fondo, una varita mágica (sin magia), unas cartas,  y unos dados muy divertidos. Fui aprendiendo algunos trucos a la misma vez que mi sueño de ser mago perdía fuerza al ir descubriendo que precisamente la magia no existía. Qué gracia tenía ser mago sin magia?

Ya de mayor me sigo emocionando con los trucos que parecen no tener explicación. No quiero saber las respuestas con la esperanza de que sí exista la magia.

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Manda huevos

Hoy llamé por primera vez a la policía. Regresaba del cumpleaños de mi cuñado Juan a la una de la madrugada por la 77 ave camino a mi casa. Normalmente suelo hacerlo con todas las ventanas bajadas y el techo abierto, pero ayer no sé que me dio que las llevaba todas arriba. De repente, a la altura de la 128 siento un golpe de la hostia. Miro todos los espejos, no veo nada. La calle desierta. Miro a mi ventana donde descubro una mancha clara, y yema, y por su puesto cáscara. Me lanzaron un huevo! La madre que los parió. Frené bruscamente, di la vuelta y regresé sobre mis pasos, más que nada para asustarlos, para imaginármelos diciendo Oh shit, he turned back! Pero entonces pensé que los debería acojonar aún más por lo que marqué el 911.

Lo cierto es que estaba asustado. Si bien no perdí el control del coche, si me asustó el tortillazo en mi cristal. Si hubiera llevado la ventana abajo me deja la cara de huevo. Me cago en su madre, pensaba yo entre risas. Serán unos zagales que están haciendo el pijo, pero que bien se lo estarán pasando los cabrones. Alguna vez, por ahí del 97 hicimos nuestras guerras de huevos por Le Jeune road, Max, el Chorbo, el Pelao, Ronald y yo. Me seguía riendo mientras se aproximaban las dos patrullas con las luces a medio gas. Le expliqué lo que había sucedido conteniendo la risa, me preguntaron si quería hacer un reporte pero les expliqué que solo quería asustarlos para que pararan de lanzar huevos. Hay que tener huevos. El cruce con la 127 parecía una sartén gigante a punto de revolver los huevos del desayuno continental. Había huevos por todos lados.

De camino a casa dominaron las risas.

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Cosas que quiero hacer en Madrid

–    Tomarme un café en una terraza
–    Caminar por el Paseo de la Castellana
–    Comerme un pincho de lomo
–    Hablar con Robert
–    Caminar
–    Ver el museo del Bernabéu
–    Caminar por El Prado
–    Hablar con Robert
–    Ver los anuncios de la tele
–    Escuchar la radio
–    Hablar con Robert
–    Caminar
–    Que me sorprenda Robert
–    Dejar algo de esto

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La fecha

Ya quedan pocos días para mi viaje a Madrid y Praga. Acepto sugerencias de qué hacer, visitar, comer, etc.

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Y a ti, ¿qué te estimula?

Hoy entendí muchas cosas. Hoy caminé más de lo que tenía previsto. Avancé gracias a una buena comida, y más que nada, sobremesa. Hoy comprendí lo que es importante, y no siempre se resume en las cosas materiales sino en nuestras acciones para conseguirlas. Hoy me preguntaron por las cosas que me estimulan. ¿Qué mueve al protagonista de El Mortero? Aquí algunas de ellas, pero antes, y como no alcancé a devolverte la pregunta… ¿Cuáles son las tuyas?

–    Ver sonreír a mis hijos
–    Ver limpia mi piscina
–    El ruido de las arecas en mi jardín
–    Los días azules con nubes blancas
–    Una carretera desierta
–    Mi bici
–    Mis zapatillas
–    Lost, la serie
–    Mis libros
–    Responder todos mi correos
–    El mar
–    El Mediterráneo
–    Hablar con Robert
–    Organizar mi vida
–    Cocinar algo sabroso
–    Los viernes en la tarde
–    La última página de un libro
–    La primera página de un libro
–    Escribir
–    Mi Mortero
–    Una conversación agradable
–    La meta de una carrera
–    El olor de la ropa limpia
–    El olor de la tierra húmeda
–    Un día de invierno
–    Una película
–    Un sofá, una manta, una compañía
–    Chocolate con churros
–    Mi tío
–    El sonido de la cámara de fotos
–    El olor de los libros
–    La piel de Sebas
–    Los ojos de Marcos
–    La risa de Sebas
–    Los cantos de Marcos
–    Sebas
–    Marcos

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