Archivo mensual: enero 2011

Isabel

Ya tengo roomates. Cuando era joven siempre quise compartir casa con amigos, y resulta que vengo a hacerlo ahora, a los 34.

Pero hoy os quiero contar la historia de la madre de Bety, mi compañera de casa. Aventurera como ella sola, profesora de manualidades y consejera del partido político PRI de México, Isabel llegó a casa el domingo con su hija, para eso de hacer la transición más llevadera. Ayer lunes, Bety y yo salimos para el trabajo (trabajamos en la misma oficina, por cierto. También Adrián, mi otro roomate). Pues Isa se quedó sola en casa pero a eso de las dos de la tarde se aburrió y decidió salir a pasear. Como no encontraba nada más que casas, optó por subir a un autobús para llegar a algún lugar comercial. Terminó en Sunset Place. Para los que no conocen, más o menos unos 10 kilómetros de casa, que no necesariamente significa que está lejos. De hecho, relativamente cerca. Bueno, resulta que cuando decidió regresar le mostró la dirección de casa a un chofer de autobús para que la guiara. Para los que no conocen Miami, el transporte público es un desastre. Pues nada, la señora llegó a la 141 y la 74, se acercó a una casa que se parecía a la mía pero la llave no le abría la puerta. Tras varios intentos escuchó una voz argentina:

–    Che, señora. Que hacés en mi casa?
–    Pos, m’hija viva aquí señor.
–    Cómo que su hija vive aquí? Estás tarada?
–    Sí. Mire nomás la dirección.
–    Bolu… su hija vive en la 141 y la 74 del sur, y esto es la 141 y la 74 del NW.
–    Hijole.

El argentino llegaba de correr y se encontró una señora tratando de abrir la puerta de su casa. Solo que la casa que Isa creía que era la mía estaba a más de 300 calles de distancia. De miedo. Nada, que el pibe le dijo que autobús tomar para regresar a casa, solo con el pequeño inconveniente que era el bus equivocado y la ñora terminó en el Downtown. De ahí se coló en el Metro de entrada, y de salida, porque en Miami necesitas ticket para entrar y para salir del Metro. Así de chulos somos. No tenemos un Metro decente ni eficiente, pero si te colaste para entrar te tienes que descolar para salir. La cuestión es que a las ocho de la noche Isa ya estaba en la parada del Dadeland Mall Sur donde Bety y yo la pasaríamos a buscar.  Alguien del metro del Downtown la advirtió:

–    Señora, usted está loca? Y si la rapta algún tipo de esos…
–    Orale, mire y si me lo como yo a él… de canibal.

Toma.

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Un día inolvidable

Mi día comenzó a las 3:30 AM con la desagradable devastadora realización que me había olvidado buscar el dorsal para mi carrera, después de haber estado preparándola por cuatro meses. Simplemente me olvidé. Tan fácil y simple como eso. Cuatro meses entrenando, casi 160 kilómetros recorridos, muchas horas, estiramientos, risas con los compañeros, pero el viernes me olvidé ir a buscar el número. Cómo pretendía correr la carrera? No me lo planteé, simplemente me olvidé buscar el maldito número.

El día no mejoraría con la definitiva partida de mi mujer y mis hijos. Así de simple. La mudanza llegó a su fin, mi completa soledad a un comienzo. Por suerte tengo dos roomates, Adrián y Bety, a pesar de que siento el mismo dolor. La casa parece más grande que nunca, el pasillo hacia mi habitación más largo, el silencio más profunda, mi cama más amplía. La utilizaré completa? O seguiré solo ocupando mi lado, el de siempre? Por si acaso, para no perder la costumbre. Aunque no lo pienso ocupar, el otro lado, por mucho, mucho tiempo.

Y así llegó a su fin este gran día, con los pies adoloridos por la cantidad de cosas que se me han caído encima en estos dos días de mudanza. Ayer, mientras pasaba unos libros de una librería a la otra, se me cayó uno medianamente grueso de punta en el dedo gordo del pie izquierdo. Tengo más de 600 libros, éste en particular no es mío, pero de los seiscientos se me cayó precisamente éste en el dedo gordo del pie izquierdo: Lies at the altar (mentirás en el altar) Manda huevos.

Son las nueve de la noche y me di de plazo para destrozarme hasta las diez. Salí por ahí, me comí una hamburguesa doble con queso y bacon, patatas fritas, cacahuetes e iba de camino al helado pero me arrepentí. No por no hacerme mierda, sino porque iba a explotar. En una hora cambio mi vida, aunque no prometo caer una vez más como lo hice hoy, pero al menos ya preparé la ropa para el gimnasio de mañana a las 6AM.

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Mundanza

Por qué si sabía que esto iba a suceder, ahora me duele tanto.

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Un dolor diferente

Hoy lloré por primera vez después de mucho tiempo, bueno unas semanitas. Revolver los armarios y cajones creó el mismo efecto en mí. Dividir los libros, las sábanas y las cucharas causó en mí un efecto extraño. Hoy sentí dolor pero de una manera diferente, simplemente dolor de tristeza. Lloré tranquilo, ilusionado, no sentía remordimiento, ni arrepentimiento, tampoco sentí culpa o ansiedad por no poder cambiar las cosas, solo sentí un dolor puro, de tristeza, anestesiado… y lo disfruté tanto!

No sé si lo estoy explicando bien, lo más probable no. O si alguien comparte lo que viví hoy, espero que no, pero sentí un gran alivio.

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Dolor

El dolor, cuando es inminente, más duele.

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El polémico “gol” en contra del Madrid

Estos son esos casos donde ese gen que tenemos todos, el del fanático, decide si el balón entró o no. Si eres aficionado del Madrid verás parte de la pelota en la línea pero si eres hincha de otro equipo, detestes o no al Madrid, verás que el balón cruzó la línea en su totalidad.

Yo voy a ser bien honesto. Seré lo más objetivo posible que un hincha del Madrid puede ser. NO FUE GOL CHAVALES.

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Las patillas

El otro día tuve un momento tonto, esos donde tu mente se detiene como un reloj sin pila, y pensé mientras me acariciaba las patillas: es cabello o es barba? Las patillas, claro.

No encontré respuesta por mucho que las acaricié buscando encontrarla en el tacto del mismo bello. Porque llegué a la conclusión de que ni tiene el tacto suave de mi cabello, ni tampoco la afilante dureza de mi barba. Mis patillas son extrañas, pero son la continuación del cabello o es el final de la barba? Mis patillas son de pelo duro pero no cortante como el resto de la barba, son suaves pero no tanto como el resto de mi cabello. Entonces, cuando usamos patillas largas, es que en realidad no nos afeitamos bien la barba o que nos creció el cabello en dirección al cachete.

Nunca me ha gustado llevarlas largas, quizá porque tampoco me gusta usar barba. Que extrañan son las patillas. Por qué las usamos? Que gilipollez.

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