Archivo diario: Martes, 21 diciembre, 2010

Mi primera bicicleta

Hoy le compré una bicicleta nueva a Marcos y Sebastián. Montar bici puede ser una de las experiencias más bonitas de nuestro paso por esta vida, y aprender a montar bicicleta es, sin duda, un ejercicio inolvidable. Todos recordamos en que momento y en que lugar aprendimos a montar. Ese instante triunfal cuando conseguimos mantener el equilibrio, dominando esa máquina con dos ruedas la cual automáticamente pasaría a ser nuestra mejor amiga.

Y es que las bicicletas parecen tener vida. Todas las bicis que hemos tenido han significado algo para nosotros. Antes que el perro, la bici se convierte en el mejor amigo del niño, en este caso. Sentimos su personalidad, callada, fiel, obediente. La bici deja de ser un transporte para pasar a ser compañera. Yo recuerdo mi primera bicicleta, una Orbea azul oxidada, más que a mi primer amor. En la puerta de la casa de Toni y Mayte, yo tendría unos cinco años, mi padre me soltó en una ligera cuesta abajo. Solo recuerdo ser libre. Mi bici y yo nos convertiríamos en camaradas inseparables. Había descubierto el hobbie que me acompañaría por el resto de mi vida. Recuerdo el día que se partió por la mitad, literalmente. Mi padré la soldó en la sala de máquinas del Hotel Balmoral, quedó horrible, pero con vida.

Años más tarde mi padre compró una colección de libros y con ella regalaban una bicicleta tirando a rosa, bien fea, pero muy cariñosa. Ya casi de adulto, por ahí de los 15 mi padre me compró una negra y amarilla en Pryca, preciosa. Le puse cuernos, las cosas para los pedales, era mi primera bicicleta en serio, de montaña, con cambios Shimano, aluciné. Hacíamos la vuelta a Manacor con Carlos y Alvaro (siempre ganaba yo, que lo corrobore mi hermano), excursiones con mi tío, y hasta un sábado hicimos 70 kilómetros, Palma-Calas de Mallorca. Al día siguiente el regreso con una granizada que nos cayó de locura. Esa bici la extrañaré siempre.

Ya en Miami compré dos de montaña, pero eran muy gringas, nunca nos entendimos. Una se la regalé a Angel y la otra, la de Lari, está en la habitación de la computadora. La habremos usado diez veces a lo sumo. En el 2003 Robert me regaló mi primera bici de carreras. Una Orbea más vieja que el propio Robert, pero con una personalidad impecable. La llevé a casa esa tarde, la limpié, le cambié la cadena, la engrasé y ella me miraba orgullosa, rejuvenecida. La disfruté unos años hasta que me compré la Felt con la que me adentré en los triatlones. Maravillosa, potente, una típica underdog, o sea, una bici hecha para el que quiere superarse. Aparenta ser callada pero cuando se poner a correr no hay quien la pare. Un estilo Raúl González, sin pinta de bici pero cuidado con ella. Por último me compré otra Felt de contrarreloj. Con ella todavía no nos hemos conocido bien del todo, pero tiene potencial.

Yo no concibo una casa sin bicis, por eso tenemos una cada uno (bueno yo tengo tres). Hay cosas que nunca cambiarán.

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