Archivo diario: Viernes, 3 diciembre, 2010

El ratoncito Pérez

El viernes Marcos recibió la primera vista del ratoncito Pérez, Miguel en algunas partes de América, y el o la “Tooth fairy” en Estados Unidos. Llevaba meses diciendo que se le movía un diente aunque en realidad estaba más firme que el Obelisco. Las dos últimas semanas es cuando empezó a moverse un poco y ya el viernes en la mañana despertó sin un diente de abajo. Estaba feliz. Le dijo a todos en el colegio, llamó a sus abuelos a Archivel, no paraba de hablar de la visita del ratoncito Pérez de esa noche. Le escribió una carta pidiéndole que por favor no se llevara el diente, que le dejara el dinero, eso sí, pero que no se llevara el diente. Y así fue. Como el ratoncito Pérez no tenía suelto, no le quedó otra opción que dejar 20 dólares. También le expliqué yo a Marcos que eso sucedía la primera vez, que sino a ese ritmo con media boca tenía para comprarse un Play Station nuevo. Los siguientes dientes ya dejarían unas monedillas nada más. El crío se quedó conforme con la explicación.

Me preguntó varias veces si alguien había visto al ratoncito Pérez. Le dije que no, por su puesto que no. Él solo aparecía cuando todo el mundo dormía. Algo similar a Papa Noel, aunque éste en algún momento fue descubierto porque todo el mundo sabe como luce Papa Noel, o Santa Claus (dependiendo de la creencia), en cambio yo no tenía ni idea qué pinta tenía el ratoncito Pérez. De hecho no parecen ponerse de acuerdo porque hay distintas imágenes de él en google. La cosa es que en algún momento apareció el roedor (imagino que mami le abrió la puerta porque yo dormí toda la noche), dejó los 20 pavos y también el diente. Todos felices al día siguiente. Ahora se le mueve el diente de al lado. Ya está haciendo cuentas que con otros 20 se puede comprar un monopatín. Ayer compré yo uno en un garage sale por 4 dólares, o sea que anda, ahí van los Reyes.

Yo le tenía pavor a que se me cayeran los dientes. La mayoría recuerdo que sucedió mientras corría, aunque de pequeño siempre corría, o sea que la probabilidad de que me pillara corriendo era bien alta. El caso es que no recuerdo haber encontrado dinero debajo de la almohada. Seguro que el ratón condenado no daba servicio en Calas de Mallorca.

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