Archivo diario: Miércoles, 3 noviembre, 2010

¿Vivimos todos deprimidos?

¿Nos os pasa que a veces sentís el día cuesta arriba? Literalmente. Desde que os levantáis, pareciera que el pasillo que conecta la habitación con el otro lado de la casa tuviese una inclinación de seis grados. Enseguida se almacenan todas las cosas que tengo que hacer en el día, una encima de la otra, sin excepción alguna. No solo las actividades grandes sino hasta los pequeños pero importantes detalles de lavarme los dientes o poner calzoncillos a los niños. A medida que las voy enumerando en mi cabeza, y las voy organizando siempre siendo consciente de los tiempos, voy sintiendo cada una de las actividades en mis hombros, cada una como un saco de cemento de 50 kilos. Hoy tengo uno de esos días.

Me desperté y fui al baño. Luego pensé todo lo que tengo que hacer. Despierta a Sebas, prepara las dos leches, busca la ropa para el cole mañana, prepara el desayuno para los dos, viste a Sebas, saca sus luncheras, ponle el hielo, busca tenedor, cuchara y cuchillo, busca dos servilletas, ponlo todo en la lunchera. Busca la pasta para ti, la ensalada, los cacahuetes, una pera, un tenedor y cuchillo, pon aceite, sal y pimienta para la ensalada, ponlo todo en tu lunchera. Pon agua en un cazo, echa dos huevos. Planta tu camisa, busca calzoncillos, calcetines y unos pantalones que no estén arrugados. Busca los zapatos. Pon las bolas para Oliver, abre una lata de comida blanda. Busca su plato en el patio, pero desactiva la alarma antes de abrir la puerta. Desactiva la alarma. Busca el plato. Abre la lata. Echa las bolas. Busca su cuchara de la pica de la lavandería. Mezcla la comida. Regresa la cuchara. Enjuaga la cuchara. Saca el plato al patio. Saca a Oliver al patio. Quita los huevos del fuego. Claro, puse antes los dos huevos en el fuego. Enfríalos con hielo. Báñate. Sécate. Vístete. Comete los dos huevos. Bebe un poco de zumo de naranja. Lávate los dientes. Ponte colonia. Busca la mochilla para el trabajo. Que esté la computadora dentro, las llaves de la oficina, las de mi coche, mi móvil. Pon la alarma. Vete al trabajo. Solo son las 8:15 de la mañana.  Porque hoy Lari llevó a los niños al cole, lo que supuso siete cosas menos que hacer antes de salir.

En alguna clase de las tantas que tomé de psicología, o quizá en alguna de esas que pagué aprendí que cuando enumeramos todas y cada una de las actividades que comprenden nuestro día es porque estamos deprimidos. Puede ser un principio de depresión, o simple y crudamente una depresión. ¿Será que vivimos deprimidos? ¿Será que siempre estamos deprimidos, con unos días mejores que otros, pero siempre deprimidos? Y que cuando tenemos un buen día, de esos que tampoco es que abunden es porque conseguimos salir de esa depresión. Quizá la vida así como la conocemos no es más que una vida de depresión, aunque no estemos diagnosticados con ella, y solo los que están mucho más jodidos son los que etiquetamos con depresión. Lo ideal sería no enumerar todas las cosas que tenemos que hacer en un día. Pensar las cosas, hacerlas, pero no enumerarlas. Sería genial.

El día ideal: al despertarnos pensar, esta noche me acuesto a las 11.

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