El cartero

Ser cartero fue alguna vez atractivo. No solo por el tono heroico que recibe en The Postman, o por el polvazo que se pega Jack Nicholson con Jessica Lange en El cartero siempre llama dos veces (The Postman Always Rings Twice) sino porque a todos nos ha hecho siempre ilusión recibir algo en el correo, al menos a mí.

Ya sea algo que haya comprado, o las cartas que en su día escribía o las películas de Blockbuster, lo cierto es que siempre he recibido el correo con cierta ilusión y expectación, esperando recibir alguna sorpresa. Pero eso era antes. Hoy paró el cartero en mi puerta con su horrible coche cuadrado, ese que lleva el volante del otro lado, yo que salía de casa lo saludé y el pavo ni me miró. Dónde quedó aquel cariño entre carteros y el vecindario que tantas veces nos ha mostrado el cine americano. Ahora solo nos llenan el counter de la cocina de ofertas del Win Dixie, propagandas absurdas, ofertas para sacar otra tarjeta de crédito, y por su puesto, muchas cuentas que pagar.

La próxima vez que vea a mi cartero le explicaré que o deja de llenarme el buzón de papeles inútiles o le pincharé las ruedas de juguete de su carteromovil.

1 comentario

Archivado bajo Reflexión, Relato

Una respuesta a “El cartero

  1. Lari

    PorfAvor no nos peleemos con el cartero. No olvides q el no solo trae junk mail, tambien Trae el cheque del income tax, las cuentas, y las cosas q nos interesan.

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