Archivo diario: Martes, 14 septiembre, 2010

La sinceridad de los peques

El martes pasado recogí a mis pequeños del colegio a las cinco de la tarde, como de costumbre. Llegamos a casa, hicieron un poco el burro y les di arroz que había sobrado de la noche anterior. Entonces llegó mi sobrino, se bañaron en la piscina, corrieron, saltaron, y sobre todo gastaron más energía que Papa Noel el 24 de diciembre. Esa misma noche, mi hijo pequeño me hizo recordar que la malicia se aprende, no se nace con ella.

A las ocho los saqué de la piscina con la intención de bañarlos para luego acostarlos. La rutina de cada día. Bueno, pues Marcos comenzó a quejarse de que no había comido nada y de que tenía hambre. Le dije que ya había cenado arroz, pero claramente todavía tenía hambre pues lo más probable lo había quemado durante su aventura en la piscina. Entonces intenté hacer un pacto con los dos. Les dije que les haría dos vasos de leche (o biberones de niños adultos, o como se llamen) el caso es que les daría dos veces su ración de leche con chocolate para compensar “la falta de cena” pero con la condición de que no le dijeran nada a mami. Los dos aceptaron a la primera, vamos, que tontos no son.

Nada, que se tomaron sus dos vasos de leche ya una vez acostados en sus camitas, como cada noche. Y como cada noche se durmieron sin protestar a escasos cinco minutos de haber tragado la última gota de leche. Antes de darles los dos vasos les recalqué de nuevo:

“Os doy los dos vasos pero no le digáis nada a mami, vale?”
“Que sí papi, que sí”- me contestaron los dos cómplices.

Lari llegó a las once de la noche de clase, como todos los martes. Nos fuimos a dormir poco después y a eso de las tres de la mañana Sebas llamó a su madre.

“Mami!!! Mami!!!”

Lari se levantó acudiendo al llamado del más pequeño. Entre los gritos y el vacío que dejó en la cama, yo me desperté también. Entonces escuché la confesión del chivato.

Nada más asomar Lari por la puerta de la habitación Sebas dijo:

“Papi, diome a mi doz lechez”
“Cómo, que papi te dio dos leches? Con chocolate?”
“Zí, él diome a mi doz lechez con chocolate”

Yo desde la cama pensé lo difícil que es ocultarle un secreto a la mujer que amas.

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