Un hueco y desaparezco

Hoy tuve un día de esos, de los que quisiera poder hacer un hueco en la tierra y desaparecer. O al menos, si no esfumarme, al menos salir por el otro lado del hueco para aparecer en el paseo marítimo de Calas, sentado en un banco de piedra, la brisa en la cara y perder la vista en el Mediterráneo.

Siento la cara anestesiada, como se te queda al bajarte de una moto a toda velocidad. Voy a mil en mi vida hasta que freno en seco, y entonces me da igual todo. Que se pudra la piscina, que nazcan más mosquitos, a la mierda la dieta, solo quiero dormir. Estos días me llegan de vez en cuando, por suerte, el último año han sido más de cuando que de en vez. Quisiera que no escuchar nada. Que salieran todos de mi cerebro porque ya no cabe nadie más. Me aburre pensar, a veces hasta respirar. Ojalá pudiera dormir sin cerrar los ojos. Me pesan mis propios pensamientos. Sueño con regresar a los años 80 cuando mi única preocupación era si ponerle dos o tres cucharadas de Cola Cao a la leche de mi merienda.

Hoy salí de mi hueco con un beso de Lari. A veces no tengo esa suerte.

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