Archivo diario: Lunes, 2 agosto, 2010

Una de mis pesadillas

En mi primer viaje de estudios fui a Vic, Catalunya. Tendría 13 años, por ahí entre 1989 y 1990, estaba en octavo (grado 8, claro). Pues nada, que también fuimos a Andorra donde le compré a mi tío Sebas un disco de Miguel Ríos. Luego estuvimos en una fábrica de fuet, muy rico por cierto. Viajamos a la nieve y al sur de Francia. El grupo no era muy grande, quizá veinte chavales, todos del colegio Tramuntana en Palma de Mallorca.

Os cuento todo esto porque en ese viaje me enfermé de la garganta a tal punto que perdí la voz. Fue la primera vez que sentí la frustración de no poder discutir, y no por ser maniatado por un personaje de autoridad sino por falta de voz. Recuerdo discutir con mis amigos y las niñas del colegio y sufrir el dolor de garganta cuando intentaba levantar la voz. Una gran frustración sobre todo porque me gusta mucho hablar, y discutir. La cuestión es que ese episodio lo he recreado muchas veces en mis sueños convirtiéndolo en auténticas pesadillas. Anoche sufrí una variación a mi pesadilla pero que provocó la misma frustración.

Estaba con unos amigos jugando voleibol en un parque. Éramos tres contra tres y nos iban ganando de lejos. No sé muy bien quién eran los protagonistas del sueño, solo recuerdo una chica del equipo contrario con la que tuve la trifulca. Resulta que en un descansillo la mencionada encendió un cigarro y regresó a la pista fumando. Imagino que ya sabéis la manía que le tengo al tabaco por lo que empecé a reclamarle que se fuera a fumar a su casa, que estábamos en un parque y que me estaba jodiendo con el humo, además de que había niños jugando en los alrededores. Bueno, la cosa es que no sé muy bien que le estaba diciendo pero ella no me estaba entendiendo, no porque tuviera problemas de voz (como en otras pesadillas) sino porque tenía los labios dormidos. Fue una evolución de mi pesadilla, frustración 2.0. Yo le argumentaba “no he jodas, ete a fuhar a tu casa. He estás johienho con el huho.” Ella se reía porque no entendía un carajo y yo me encendía por no poder hacerme entender.

Ahí mismo me desperté, enfadado.

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