Archivo mensual: agosto 2010

El maldito móvil

Estoy enganchado al teléfono celular. Me estoy volviendo loco, loco.

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Mi Fantasy Football

El día al año que espero con mayor ansiedad acaba de terminar. No es cuando juega el Madrid contra el Barça, ni el cumpleaños de mis familiares más queridos, ni siquiera cuando me voy de vacaciones a España. Es el día del draft de mi Fantasy Football.

Para muchos del otro lado del océano, lo más probable esto no tenga ningún significado, pero para los más cercanos, y sobre todo para los que saben de qué estoy hablando, esto tiene todo el sentido del Mundo. La liga fantástica de la NFL es en realidad el evento que le da sentido a seis meses del año. Los domingos de football nunca sería iguales sin la adicción al Fantasy Football. El sentido de pertenencia que se genera con tus jugadores y sus actuaciones cada domingo es fantástico. La rivalidad con los compañeros, la charlas entre semana, los madrugones para robarte los jugadores en el waiver, los domingos de locura decididos por escasos centímetros, no hay sensación comparable.

Espero este año volver a ganar como ya hiciera el año pasado, que por desgracia era el primero, de los siete que llevo jugando, donde no había dinero. Estoy contento con mi equipo.

Aquí va.

QB – Carson Palmer
RB – Rashard Mendenhall
RB – Ronnie Brown
RB – Jahvid Best
RB – Reggie Bush
RB – LaDainian Tomlinson
RB – Darren McFadden
WR – Josh Cribbs
WR – Anthony Gonzalez
WR – Reggie Wayne
WR – Terrell Owens
WR – Vincent Jackson
WR – Lee Evans
TE – Vermon Davis
K – Garret Hartley
DEF – San Diego Chargers

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Mis indecisiones

Un día me quedé en el portal de mi casa tres días, esperando que parara de llover. Y es que cuando llueve nunca me decido a salir, me quedo parado, viendo llover y esperando que pare. La indecisión es tan grande que he pasado días esperando que baje la lluvia. Me debato en preguntas ¿y si salgo ahora y dentro de un minuto llueve menos? Afino el oído esperando sentir el apacigüe de la lluvia.

Siempre he sido malo para este tipo de decisiones donde la incertidumbre del futuro cercano toma tanto protagonismo que me impide decantarme. Con la bolsa me sucedería lo mismo. Compro ahora acciones o sigo esperando que bajen. Vendo hoy o espero que siga subiendo mañana. Con los Euros me pasó ya hace unos años. Espero que siga subiendo (estaba en 1.60 dólares) ¿Y si lo cambio hoy peor mañana sube a 1.80? Me muero. Con las millas de American, igual. Y si las sigo acumulando para aprovecharlas mejor en otro vuelo más caro. Y así con todas esas decisiones que incluyen riesgo. Cambios de trabajo, de coche, y hasta de canal. A veces me desespera saber que hay tantos canales en mi televisión. Estoy viendo algo y me intriga pensar que puede haber algo mejor en otro canal. En los restaurantes no pido platos que no haya probado antes ¿y si no me gusta lo que ordeno y pierdo la oportunidad de comer algo delicioso? Mejor ir a lo seguro.

En fin, que soy un indeciso o quizá soy fiel a mis decisiones, por eso no las cambio.

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Sigo así

Pues medio me recuperé hoy sábado. Sigo en una depresión post Mundial, o eso es lo que mis compañeros más expertos me dicen.

Me apetece tirarlo todo, pero aquí sigo.

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Un hueco y desaparezco

Hoy tuve un día de esos, de los que quisiera poder hacer un hueco en la tierra y desaparecer. O al menos, si no esfumarme, al menos salir por el otro lado del hueco para aparecer en el paseo marítimo de Calas, sentado en un banco de piedra, la brisa en la cara y perder la vista en el Mediterráneo.

Siento la cara anestesiada, como se te queda al bajarte de una moto a toda velocidad. Voy a mil en mi vida hasta que freno en seco, y entonces me da igual todo. Que se pudra la piscina, que nazcan más mosquitos, a la mierda la dieta, solo quiero dormir. Estos días me llegan de vez en cuando, por suerte, el último año han sido más de cuando que de en vez. Quisiera que no escuchar nada. Que salieran todos de mi cerebro porque ya no cabe nadie más. Me aburre pensar, a veces hasta respirar. Ojalá pudiera dormir sin cerrar los ojos. Me pesan mis propios pensamientos. Sueño con regresar a los años 80 cuando mi única preocupación era si ponerle dos o tres cucharadas de Cola Cao a la leche de mi merienda.

Hoy salí de mi hueco con un beso de Lari. A veces no tengo esa suerte.

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Las costumbres

Tengo la pequeña manía de chupar el cuchillo cuando le preparo el sándwich de peanut butter (mantequilla de cacahuete) a Marcos. Seguro me viene de aquellos días cuando me preparaba el bocadillo de nocilla, y siempre terminaba relamiendo el cuchillo para no desaprovechar lo más mínimo, sobre todo la blanca, mi favorita. Hoy le preparé un sándwich a Marcos en pan de molde, con  un cuchillo de plástico azul, y cuando terminé quedaba algo de peanut butter por los dos lados del cuchillo. Marcos preguntó, ¿para qué es eso papi, entonces me vio relamer las dos caras. Salió corriendo mientras gritaba that´s not fair. Yo quería solo chupar el cuchillo. Yo quería solo chupar el cuchillo.

Qué bonito es pasar las costumbres a tus hijos.

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Cumplo nueve años de casado

Hace un par de meses os escribía del amor de mi vida. Hoy cumplo nueve meses de matrimonio con ella. Y si bien pudiera escribir muchas cosas que esta celebración me trae a la mente, la verdad que me ha pillado en quizá el día más ocupado de mi reciente presente.

En el trabajo no tuve respiro, reuniones una detrás de la otra. Salí a las cuatro y media para buscar a las fieras al colegio, y parar en el supermercado para comprar los elementos de mi cena sorpresa a Lari. Nada del otro mundo, el detalle es lo que importa ¿cierto? Cebolla, guisantes y gambas en una pasta de lacitos. Dos copas, una de vino para ella y agua para mí, una vela, los platos de la vajilla buena, colocados sobre un mantel blanco y adornado con doce rosas rojas. Preparé la cena de los niños, cenaron. Preparé el baño de los niños, se bañaron. Y ahora mientras se resisten a caer dormidos, escribo en la oscuridad estas palabras.

Hoy estoy más feliz que nunca. Que dure.

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La satisfacción de encontrar alguien después de mucho tiempo

Qué grandes sensaciones genera encontrar a alguien después de mucho tiempo. Siento que despertó un trozo de mi pasado que estaba dormido, porque nunca estuvo perdido. Los recuerdos son maravillosos, refrescan el alma. Me pasó con Carlos y Laura. Estuve semanas, incluso meses, que no podía despegarme de Facebook mientras recordábamos todas nuestras locuras de cuando éramos pequeños. Reviví uno de los momentos más bonitos de mi vida, que aunque siempre estuvieron en mi memoria, traerlos al presente con los verdaderos protagonistas hizo que tomaran más fuerza.

Hoy hablé con un colega después de siete años sin saber de él. Ya os había contado de él meses atrás, pero por fin hoy pude hablar con él. Recordar nuestro programa de radio, las risas, los malos momentos, el fútbol, fue muy gratificante. Repasamos nuestras vidas en una hora y cuarenta y tres minutos de llamada telefónica, con la misma naturalidad que lo hacíamos en el 2003. Siento que todo lo que me ha pasado en estos siete años estaba incompleto, hasta hoy, hasta que lo repasé con “Roberto”. Ahora sí cerré la puerta de lo mejor y, sobre todo lo peor, que me ha sucedido en estos años. Contárselo fue el último capítulo de mi catarsis.

Y así terminamos una conversación, esa que renueva pero a su vez inicia otra vez nuestra amistad, recordando nuestros días en la radio y las risas con la publicidad del chino Dr. Lamb. Yo me trabé con el nombre de la medicina, palabra que jamás podré recordar o pronunciar, y los tres nos rompimos a reír en medio del programa. Esa risa que no tiene fin, que te domina hasta lo más profundo de tu estómago. El programa era A todo fútbol, y la primera frase al aire fue “bienvenidos a A todo fútbol, hoy día tres, del mes tres de 2003 y nosotros, somos tres”.

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Soñé que lloraba

Desperté después de haber llorado durante la gran parte de uno de mis sueños. La madre de un amigo moría, y yo después de debatir si era mejor llamarlo o ir a verlo en persona, por fin me lo encontraba en algún lugar. Ahí entonces nos abrazábamos llorando los dos sin poder parar. Yo justificaba mi llanto ante él, mencionando situaciones donde le demostraban a mi amigo que sí conocía a su madre y que había compartido largas conversaciones con ella (situación que es cierta). Él se sorprendía al darse cuenta, de que verdaderamente, sí tenía una relación con su madre, y que en efecto, tenía derecho a llorar. La cuestión es que me desperté trastornado, o sea, como se suele despertar uno cuando se pasa la noche llorando.

Nada, que decidí buscar el significado de este sueño en Google haciendo click al azar en el primer enlace que me dio la búsqueda. Esto fue lo que conseguí:

Llanto/LlorarSoñar que llora representa una forma de sacar emociones negativas causadas por algo en su vida real. Si llora en su sueño, supone una forma de recuperar su equilibrio emocional y sacar sus temores y pena. Durante el día, muchas personas reprimen sus sentimientos negativos y este sueño resulta una vía de escape. Soñar que está llorando y nadie le escucha, representa las dificultades que tiene en su vida diaria para comunicarse con los demás.

O sea, que llorar dormido significa exactamente lo mismo que llorar despierto. Sacas emociones, vía de escape, etcétera, etcétera. La cuestión es que el viernes me enteré que moría la madre de un amigo, uno diferente al de mi sueño, pero esta vez la muerte sí era cierta, por desgracia. Lógicamente esa información me afectó, y a pesar de que no conocía a la madre de este amigo, me dio mucha pena por él. De ahí el sueño de anoche.

Lo cierto es que llorar es una mierda, tanto despierto, como dormido.

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Los pantalones periodistas

Hoy tiré ropa que guardaba desde hace más de diez años. Soy de esos que no le gusta tirar las cosas, salí a mi padre. Cuando por fin me decido a hacer limpieza, me da nostalgia de deshacerme de lo que alguna vez me hizo feliz. Siento que si me desprendo de mis posesiones, de alguna manera, también pierdo un trozo de mis recuerdos. No me convenzo de que vaya a poder recordar con la misma claridad los momentos de mi vida, y de hecho el repasar mi baúl de trastos, mis fotos, inclusive la ropa vieja, siento un aire que me transporta a esos momentos, al instante. Soy visual, pero también los olores y la música me trasladan a gran velocidad a todos los rincones de mi pasado. Aún así, hoy no me quedó más remedio que tirar mi ropa vieja, esa que tantas veces he mirado sujetando la percha con una mano, mientras me convencía de que algún día la volvería a usar.

Tiré un trozo de tela, porque ya no se le podía llamar pantalones, que dice Lari usé en mi primer día en Sportsya.com. Ahí empezó todo en enero del 2000, mi carrera periodística en Internet. Me cambiaría la vida. Ahí conocí a Carlos. Escribí mi primera nota, cubrí mis primeros eventos. Con esos pantalones aprendí a ser periodista. Pantalones con vocación. Desde entonces he tenido varios pantalones, siempre relacionados al periodismo, de alguna manera o de otra. Aquí sigo, cubriendo menos, mandando más, pero siempre con el sentimiento de esos mismos pantalones, los pantalones periodistas.

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