Archivo mensual: julio 2010

Organicé mi oficina

Ayer armé los muebles de mi oficina. Una cajonera para poner el laptop y dejar más espacio en la mesa. Una lámpara para la mesa, y otra para una esquina. Colgué mi banderín del Milan firmado por Clarence Seedorf, la foto del Barça campeón de Europa pero con nuestras caras, las entradas de los partidos del Mundial, el dibujo de Puyi, mi credencial de Sudáfrica y las fotos de Lari y los niños. Arriba, el balón de UnivisionFutbol, la Jabulani, una vuvuzela, una macaraca y el banderín del Real Madrid.

Ya me quiero ir a trabajar.

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Se va Raúl

No pensé que llegaría este día. Ahora no puede escribir nada más.

Hasta luego Raúl.

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Cosas que no deberías hacer cuando te duele la cabeza

Tremendo dolor de cabeza me dio ayer, macho. De esos que empiezan con una presión en la nuca y te van recorriendo el cráneo, te llega a la frente y te baja a las cejas. No suelo tener muchos dolores de cabeza, quizá uno por trimestre, y cuando me dan no suelo tomar nada para solucionarlo. Ayer tuve que tomar algo a las 3 de la mañana porque sentía que el cerebro se me escapaba por los ojos.

Cosas que no puedes hacer cuando tienes dolor de cabeza:

– Dormir. Te acuestas pensando que se te pasará y despiertas a media noche con dos puñales en los ojos.
– Hacer el amor. Se te pasa al principio con la adrenalina pero justo cuando terminas sientes que el cerebro está jugando frontenis en tu cráneo.
– Ver la tele.
– Jugar Playstation. Si ni siquiera puedes ver la tele, imagínate si en ella hay cuarenta cabrones tratando de asesinarte y tú vas dando vueltas con tu AK-47.
– Correr. Sientes que tienes el cerebro suelto y va golpeándose con las paredes.
– Nadar. Ya lo intenté ayer, y nada.

Todo esto hice ayer con dolor de cabeza.

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Solo quiero comprar

No sé si os pasa pero a mi me encanta comprar. Nunca he sido así, no que recuerde, pero poco a poco y sobre todo después del trasplante de riñón en el 2004 siento una cierta excitación al comprar. Estoy seguro que tiene que tener un nombre, debe ser una enfermedad. Creo que provocada por el aburrimiento, pero enfermedad al fin.

En ocasiones, sobre todo aburrido, pienso qué puedo comprar y siento una sensación de alivio, de satisfacción, como si lo único que me motivara fueran las cuestiones materiales. La cosa es grave, muy grave, sobre todo porque yo nunca había sido así. Estoy preocupado, ante todo, porque no tengo dinero para satisfacer mis necesidades.

Lo único que me tranquiliza un poco es que mi materialismo se reduce a un simple libro, o al cloro para tener mi piscina limpia, o a una película en Blockbuster.

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La cucaracha soñadora

Llega un momento que tienes que decir BASTA. Y anoche, a eso de las 3 de la mañana dije: WHAT THE FUCK? Lari, enciende la luz, enciende la luz. La encendió, me senté en la cama, ella también, levanté las dos almohadas, y allí la vi. La vi entre la cama y el respaldar, escondida, con miedo. Le vi sus dos horribles antenas moviéndose armónicamente. Lari la empujó con su chancla al suelo y luego la mató. Llega un momento que tienes que decir BASTA, y ese momento es cuando una cucaracha te recorre la cara mientras duermes.

Estaba yo durmiendo, feliz, tranquilo, cuando sentí una caricia en la mano. Soñé que alguien flotando en el espacio de mi habitación me acariciaba, y por su puesto me cagué de miedo. Sacudí la mano violentamente y la metí debajo de la manta. Segundos después sentí que algo me recorría la cara rápidamente. Sentí el caminar de algo liviano con patas finas, las sentí en la barbilla, por la boca, la frente y perderse por encima de mi cabeza. Soñé que era una araña, una lagartija o, como luego comprobé, una maldita cucaracha. Yo me revolví con un latigazo violento, me barrí la cara varias veces con mis manos mientras me escondía debajo de la manta y la sábana. Golpeé con el culo a mi mujer mientras le decía: Lari, enciende la luz, enciende la luz. Después de matar al ejemplo de cucaracha alemana (luego os cuento por qué sé que es alemana), revisamos toda la habitación y nos volvimos a dormir con la luz encendida con eso de que no aparecen cuando hay luz.

Más tarde soñé que habían captado en televisión el momento cuando la cucaracha me recorría la cara. Durante toda la noche, y todavía ahora mientras escribo siento vivamente el tacto de sus patejas recorrer mi mano y luego mi boca y mi cara. De hecho, no he parado de rascarme la cabeza, el cuello y la espalda mientras he escrito esto. Imagino que tú también te estás rascando mientras lo lees.

Como dije, llega un momento que tienes que decir basta. Yo lo dije el sábado cuando llamé a El TORO EXTERMINADOR para que vinieran a fumigar la casa. Todos los días nos encontramos una o dos cucarachas boca arriba, moviendo las antenas lentamente. Justo cuando las vas a coger con una servilleta se dan la vuelta y salen corriendo las desgraciadas. No están muertas, están de parranda. Las pisas y sale el líquido marrón-negro-amarillo, eughh. Ah, y también hay arañas, de esas que llamábamos monjas en España, con las patas gigantes como la araña del malo en la película Wild Wild West de Will Smith. Pues nada que ayer venía El TORO EXTERMINADOR y canceló la cita. Hoy lo voy a llamar para contarle mi experiencia con La cucaracha soñadora. Él fue el que me explicó las diferentes cucarachas que hay en Miami, y estas marrones pequeñas son las cucarachas alemanas. Seguro están puteadas por eliminarlas en la semifinal del Mundial y por eso esta vino a despertarme anoche.

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Segundo día en el trabajo

Ya he contado mis historias por Sudáfrica 37 veces. En parte no se hace tan pesado porque al estar rodeado de periodistas cada uno tiene su forma peculiar de entrevistar y averiguar los temas que más le interesan.

– La comida
– Las ciudades
– La gente
– El transporte
– El trabajo
– El IBC
– Las vuvuzelas
– Los estadios
– El gol de Iniesta

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De vuelta al curro

Hoy regresé al trabajo. Es divertido volver a la oficina y contar a todos las aventuras de Sudáfrica. Creo que conté la misma historia ocho veces, sí, creo que fueron ocho.

Me costó concentrarme. Tenía hambre a todas horas. Creo que no avancé nada entre tanta conversación. Estrené oficina, me sentí raro.

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