Archivo mensual: julio 2010

Solo quiero comprar

No sé si os pasa pero a mi me encanta comprar. Nunca he sido así, no que recuerde, pero poco a poco y sobre todo después del trasplante de riñón en el 2004 siento una cierta excitación al comprar. Estoy seguro que tiene que tener un nombre, debe ser una enfermedad. Creo que provocada por el aburrimiento, pero enfermedad al fin.

En ocasiones, sobre todo aburrido, pienso qué puedo comprar y siento una sensación de alivio, de satisfacción, como si lo único que me motivara fueran las cuestiones materiales. La cosa es grave, muy grave, sobre todo porque yo nunca había sido así. Estoy preocupado, ante todo, porque no tengo dinero para satisfacer mis necesidades.

Lo único que me tranquiliza un poco es que mi materialismo se reduce a un simple libro, o al cloro para tener mi piscina limpia, o a una película en Blockbuster.

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La cucaracha soñadora

Llega un momento que tienes que decir BASTA. Y anoche, a eso de las 3 de la mañana dije: WHAT THE FUCK? Lari, enciende la luz, enciende la luz. La encendió, me senté en la cama, ella también, levanté las dos almohadas, y allí la vi. La vi entre la cama y el respaldar, escondida, con miedo. Le vi sus dos horribles antenas moviéndose armónicamente. Lari la empujó con su chancla al suelo y luego la mató. Llega un momento que tienes que decir BASTA, y ese momento es cuando una cucaracha te recorre la cara mientras duermes.

Estaba yo durmiendo, feliz, tranquilo, cuando sentí una caricia en la mano. Soñé que alguien flotando en el espacio de mi habitación me acariciaba, y por su puesto me cagué de miedo. Sacudí la mano violentamente y la metí debajo de la manta. Segundos después sentí que algo me recorría la cara rápidamente. Sentí el caminar de algo liviano con patas finas, las sentí en la barbilla, por la boca, la frente y perderse por encima de mi cabeza. Soñé que era una araña, una lagartija o, como luego comprobé, una maldita cucaracha. Yo me revolví con un latigazo violento, me barrí la cara varias veces con mis manos mientras me escondía debajo de la manta y la sábana. Golpeé con el culo a mi mujer mientras le decía: Lari, enciende la luz, enciende la luz. Después de matar al ejemplo de cucaracha alemana (luego os cuento por qué sé que es alemana), revisamos toda la habitación y nos volvimos a dormir con la luz encendida con eso de que no aparecen cuando hay luz.

Más tarde soñé que habían captado en televisión el momento cuando la cucaracha me recorría la cara. Durante toda la noche, y todavía ahora mientras escribo siento vivamente el tacto de sus patejas recorrer mi mano y luego mi boca y mi cara. De hecho, no he parado de rascarme la cabeza, el cuello y la espalda mientras he escrito esto. Imagino que tú también te estás rascando mientras lo lees.

Como dije, llega un momento que tienes que decir basta. Yo lo dije el sábado cuando llamé a El TORO EXTERMINADOR para que vinieran a fumigar la casa. Todos los días nos encontramos una o dos cucarachas boca arriba, moviendo las antenas lentamente. Justo cuando las vas a coger con una servilleta se dan la vuelta y salen corriendo las desgraciadas. No están muertas, están de parranda. Las pisas y sale el líquido marrón-negro-amarillo, eughh. Ah, y también hay arañas, de esas que llamábamos monjas en España, con las patas gigantes como la araña del malo en la película Wild Wild West de Will Smith. Pues nada que ayer venía El TORO EXTERMINADOR y canceló la cita. Hoy lo voy a llamar para contarle mi experiencia con La cucaracha soñadora. Él fue el que me explicó las diferentes cucarachas que hay en Miami, y estas marrones pequeñas son las cucarachas alemanas. Seguro están puteadas por eliminarlas en la semifinal del Mundial y por eso esta vino a despertarme anoche.

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Segundo día en el trabajo

Ya he contado mis historias por Sudáfrica 37 veces. En parte no se hace tan pesado porque al estar rodeado de periodistas cada uno tiene su forma peculiar de entrevistar y averiguar los temas que más le interesan.

– La comida
– Las ciudades
– La gente
– El transporte
– El trabajo
– El IBC
– Las vuvuzelas
– Los estadios
– El gol de Iniesta

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De vuelta al curro

Hoy regresé al trabajo. Es divertido volver a la oficina y contar a todos las aventuras de Sudáfrica. Creo que conté la misma historia ocho veces, sí, creo que fueron ocho.

Me costó concentrarme. Tenía hambre a todas horas. Creo que no avancé nada entre tanta conversación. Estrené oficina, me sentí raro.

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Para Anay y Silvio

Hoy se casa mi mejor amigo con una mujer increíble. Esto fue lo que preparé para leer en la ceremonia. Sé que serán muy felices.

Anay, Andrés, Silvio para los amigos, el pelao para los que más lo queremos, hoy es el día más importante de vuestras vidas. Hoy, ante todos nosotros, os prometéis amor por el resto de vuestras vidas. Una tarea que parece fácil pero que requiere gran madurez y compromiso, dos cualidades que los dos tenéis de sobra. Si alguien va a representar el amor y el matrimonio como Dios manda, esos sois vosotros.

Por el largo y a veces estrecho camino que os espera encontraréis días buenos y otros no tanto. Es muy fácil amarse y respetarse cuando todo va bien, el reto que tenéis a partir de mañana es amaros cuando las cosas se compliquen, porque se complicarán, creedme. Dejad a un lado el yo, pensad el uno en el otro, en los sentimientos de tu pareja y el amor prosperará por si solo. Ver como crece el amor en tu matrimonio es lo más bonito de la vida en pareja. Disfrutadlo mucho.

Miraros bien hoy, miraros desde lo más profundo de vuestro ser porque de hoy os quedarán imágenes inolvidables. La sonrisa de total felicidad de vuestra pareja, las lágrimas de vuestros padres, los más pequeños dando sus primeros pasos de baile. Silvio, Anay mírense, mírense bien porque nunca olvidarán esa cara de felicidad.
 
Hoy es el día más feliz de vuestras vidas, pero también es el día más feliz de todos nosotros, de todos los que os queremos. Lo mejor de todo es que aún os queda la satisfacción de pensar que con dedicación y cariño, mañana os querréis todavía un poquito más.

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La odisea de comprar un coche

Como siempre, en esto de comprar coches en Estados Unidos terminas con la sensación de que te engañaron. Comprar coche no se parece en nada a lo que estamos acostumbrados. Pagamos el precio que marca la leche, el pollo o el arroz, sin rebajas, sin regateos. Ni siquiera en un mercadillo la negociación dura más de diez minutos, como mucho. Todo esto cambia cuando decides comprar un coche en Miami. Nunca pagas el precio que marca el papel de la ventana, en parte porque el concesionario siempre te dará una rebaja y sobre todo porque la primera pregunta que te hacen es: ¿Cuánto quieres pagar?

Da igual la estrategia que uses. No importa si ofreces un precio más bajo sobre el precio total o si te decides por los pagos que quieras hacer al mes. Hagas lo que hagas sentirás al final que has perdido. Yo me lancé por ofrecer $250 al mes y no dar nada de entrada por un Honda CR-V EX-L con navegación, una misión que pronto descubriría era imposible de conseguir. Pues nada, la primera oferta del vendedor fue $398 y $2000 de entrada. Dos horas después esa seguía siendo su oferta. Hay que entender que esta gente no tiene prisa. A pesar de la crisis, de la desesperación por vender (o eso creemos), ellos tienen todo el día, juegan a aburrirte, es una pelea de 24 asaltos. Y eso hicieron, madrearme a hostias. Los vendedores lo han visto y escuchado todo. No hay nada que hagas que no hayan repasado ya en una presentación de powerpoint. Solo cuando amagué irme me bajaron a $350 al mes. Aún así me fui, pensando que cuando vieran que me iba de verdad bajarían más. Nunca sucedió. Me fui a otro concesionario y ahí me golpearon más duro. A la hora y media estaba de vuelta en el primer dealer.

Después de ocho horas negociando conseguí bajar el pago a $320, lejos de mis $250 pero al menos no di nada de entrada. De todas maneras, con los impuestos y el mantenimiento me subió todo a $370 al mes, muy cerca de los $398 que me pidieron ocho horas atrás. A pesar de todo sentí que me engañaban porque cuando dije con un tono definitivo: “venga, $320 al mes y me lo llevo puesto” el vendedor me extendió la mano muy rápidamente. Tras apretarla me quedé pensando que si aceptó así de rápido es porque quizá lo podía haber bajado más. Y ahí es donde entró el cansancio, el hambre y el dolor de cabeza. Dije, a la mierda, pago lo que me digan, solo quiero irme de aquí y no en mi choche apestoso sino en un Honda CR-V nuevo. Y eso hice.

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Mañana me compro un coche

Después de doce años y medio voy a retirar, por fin, mi Chrysler. Hace unos meses me producía tristeza pensar que cambiaría de auto, sí parece increíble que me diera pena después de varios años sintiendo asco por esta carroza. El olor a podrido, y a quemado, la pérdida de aceite, la caída de la tela del techo, el volante desecho, la puerta del pasajero rota, el maletero podrido, todo eso y algunas cositas más que hacían mi coche único. Aún así, el cabrón va de maravilla. En él conocí a mi mujer, también nos besamos por primera vez, también… por primera vez, y algunas después. Muchos viajes, muchas charlas, sobre todo muchas charlas por teléfono. Momentos inolvidables que compartí y siempre con mi Chrysler presente.

De todas maneras, estoy hasta los huevos de mi coche. Mañana me compro uno nuevo.

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Reclutado en casa

No hay nada como el olor de tu casa, el tacto de tu sofá, la comodidad de saber el lugar de todo lo que buscas. El sabor de tu comida, los ruidos de tus cosas, la tranquilidad de tu cama.

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…todavía de viaje

Acabo de llegar a casa. No hay nada mejor que regresar a casa después de tanto tiempo fuera.

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De viaje, 30 horas

A las 2 PM de Johannesburgo estábamos en el aeropuerto. El vuelo salía a las 9 PM. Las maletas con los equipos pesaban más de 30 k y el sindicato de maleteros no permite que sus empleados cargue equipaje que pase de ese precio por lo que tuvimos que sobornar a otra compañía, British, porque Delta no nos quería facturar las maletas. Casi perdemos el vuelo con el trámite de las maletas.

El vuelo bien. Directo a Atlanta, 16 horas. Comí tres veces, vi dos películas, dormí y me aburrí. Tenía los pies hinchados como los de mi madre. Llegamos a Atlanta, esperamos dos horas y partimos a Miami. En Atlanta tuvimos que pasar aduana, un dolor de huevos. Sacamos todas las maletas y las volvimos a facturar. Mientras esperaba sentado en el avión vi que llegaba un tren cargado de maletas, con las mías encima. Nunca las montaron en el avión. Que impotencia ver el avión moverse y tus maletas tranquilas en un carro en la pista.

A la llegada a Miami tuvimos que esperar por el siguiente vuelo para que llegaran las maletas. 30 horas después estaba entrando en mi casa. Alivio.

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