Archivo diario: Sábado, 3 julio, 2010

Hoy va por todos vosotros

Hoy ganamos por el gol de Telmo Zarra en el 50. Por el robo del 34, por la moneda del 54, por Cardeñosa en el 78. Hoy tenemos que ganar por nuestro Mundial, el de 1982, por el gol de Platini a Arconada en el 84, por aquella goleada a Malta 12-1 un año antes. Por Butragueño y su gran partido en Querétaro, ciudad que años después me enamoró cuando visité con Lari a mi hermano Carlos. Por el 90, por la nariz de Luis Enrique en el 94, por Zubizarreta en el 98 y por qué no, por Pizzi. Por Raúl y el robo de Corea en el 2002, por el penalti del 2004, por la derrota de Francia del 2006. Hoy va por los campeones de Europa en el 2008, esos, menos ocho, que hoy quieren hacer historia clasificando por primera vez a una semifinal (la del 50 no la cuento)

Hoy ganamos por mi abuelo, aquel señor callado, simpático, que me enseñó a amar este deporte. Aquella persona que esperaba todo un año para verme en Navidad y preguntarme por todos los jugadores del Madrid, para asegurarse que no me había olvidado de lo que realmente era importante, el mismo que me contaba las historias de los Mundiales anteriores mientras paseábamos en sus viñedos desolados. Hoy va por mi hermano, que me enseñó a querer el fútbol más que a nada, a gritar los goles con pasión, y con quien me dormía agotado después de repasar todas las jugadas de Laudrup, Hierro y Zamorano. En días como hoy lo extraño más que nunca, su carisma, su bondad, su sonrisa. En días como hoy desearía estar a su lado para gritar los goles como nunca. Hoy va por todos los españoles que algún día lloramos desconsolados sin entender muy bien porque nunca pudimos celebrar. Hoy va por todos aquellos que alguna vez quisimos jugar al fútbol, sin importar a qué nivel, solo quisimos jugar, gritar e imaginarnos en un estadio repleto, llorando por nuestros aciertos. Hoy unos pocos privilegiados pueden acabar con una historia de penas, una historia de llanto.

Hoy va por el fútbol. Hoy va por España. Hoy va por todos vosotros.

Después de escribir esto, en la ducha, no he podido parar de llorar. Quizá por la distancia, o quizá porque esto me importa tanto, no sé y no me interesa. O quizá porque así podré disfrutar de los goles de hoy habiendo cumplido la cuota de llanto del día del partido. Lo más probable es porque recordé a mi abuelo y a mi hermano en el mismo mortero.

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