Archivo diario: Jueves, 15 abril, 2010

El día que perdí mi hijo Sebas

Esta mañana me acordé del día que perdí a Sebas. Recuerdo que cuando lo encontré me dijo con la voz llorosa: “Papi, mi busca a ti”. Fue un sábado en la mañana, durante un partido de fútbol de Marcos. Aunque no quiero poner excusas, simplemente narrar los hechos, llegaba al parque tras haber corrido ocho millas y madrugar a las cinco de la mañana. Eran las nueve cuando empezaba el partido. Lo último que recuerdo de Sebas es soltarlo (lo llevaba cargado) una vez que llegué al borde del campo donde Marcos iba a jugar su partido.

El parque estaba repleto de niños, padres, madres, tíos, primos y abuelos. Las cuatro canchas estaban rodeadas de adultos y niños correteando detrás del balón. Ese sábado en particular, otro padre y yo haríamos de entrenadores ya que el míster estaba de vacaciones. A pesar de ser un juego de niños, yo cargaba ciertos nervios y presión por mantener el invicto en la temporada. Solté a Sebas en la hierba y me olvidé de él, literalmente, no volví a pensar en mi segundo hijo, el menor, en ese momento solo me preocupaba el partido de Marcos. Arrancó el juego y Marcos marcó su único gol de la temporada, por desgracia fue en propia portería. El invicto peligraba mientras yo sentía las miradas en mi nuca de todos los competitivos padres, lo más probable maldiciendo mis decisiones tácticas. Claramente Marcos era el menos hábil, y sí, para poner excusas, era a sus cuatro años su tercer partido mientras los niños de casi seis años tenían un año bajo sus botas.

Pasaron veinticinco minutos y Sebas seguía ausente en mi pensamiento. Yo solo pensaba en como empatar un partido que perdíamos 4-3. A pocos minutos de que terminara el partido una señora apareció cargando a Sebas: “Is this your son?” A lo que yo respondí con un sí interrogativo: “ehhh yes?” Le “pregunté” que si era mi hijo no porque ella tuviera la respuesta sino porque me sorprendió ver a Sebastián en los brazos de una mujer desconocida, sobre todo cuando yo no recordaba haber llegado con él al parque. Lo primero que pensé fue qué carajo hace Sebas aquí, y con esta mujer. El caso es que como la señora no se quedó muy convencida de que yo fuera su padre, llamó a la policía. A los pocos minutos cruzó el campo de juego un pavo vestido de azul, con porra, esposas y pistola. Ahí me acojoné. No solo que Lari me va a matar por perder a Sebastián sino que tendrá que pagar tres mil dólares de fianza para sacarme de la cárcel, pensé rápidamente. O quizá no los pague para que aprenda la lección. Me quedaré todo el fin de semana en la cárcel de Krome. No podré ver el Madrid que juega hoy contra el Valencia. Todo eso pensé mientras se acercaba el policía.

“Could you follow me? Sir” Me dijo el policía con voz de cabreado. Ye… Yes, creo que conseguí escupir. Me preguntó si ese era mi hijo. Me dijo que lo habían encontrado sol en el aparcamiento buscando a su mami. Llamaron a la central para ver si tenía antecedentes penales. Como todo estaba en orden me pidieron una explicación, y se la di.

“Mire señor oficial. La culpa es de mi mujer, bueno, algo tendré yo de culpa pero lo más probable es que ella sea la culpable de todo. Llegamos los cuatro juntos para el partido de mi hijo mayor. ¿Perdón? Sí, es ese de allí, el más grandote y lento de aquel juego. Ella iba a comprar al supermercado y yo me quedaba con Marcos para su partido. Caminé al campo y le dije –te llevas a Sebas- a lo que yo entendí que sí, que ella se llevaba a Sebas a comprar. Me di la vuelta y me despreocupé de mi hijo menor. Quizá ella entendió -me quedo con Sebas- pero yo dije claramente -te llevas a Sebas-. Por eso mi sorpresa al verlo con esta señora, porque para mí él estaba con su madre en el Publix. En fin, siento mucho este incidente. Voy a hablar con mi mujer en cuanto llegue porque esto no puede volver a suceder”

Me dejaron libre. Llamé a Lari, que había planeado llegar al campo para el final del partido, y solo le dije que ni se apareciera por el parque, que luego le explicaría. Lo cierto es que me sentí muy mal, no por haber perdido a Sebas sino por ni siquiera haberme acordado de él. Por cierto, un gol de último minuto nos di el empate a cuatro. Mantuvimos el invicto a pesar de mi cagada.

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