Archivo diario: Martes, 30 marzo, 2010

Los autógrafos

Nunca me ha gustado pedir autógrafos o hacerme fotos con famosos. Quizá por no querer molestarlos, o porque no me seguir los pasos de la masa y por eso pienso, “estos tíos estarán hasta los huevos que los acosen, yo paso de ser el pringao con el que exploten”.

Recuerdo pedir mis primeros y únicos autógrafos en el campeonato del mundo de natación en Palma, en 1999. Me firmó con indiferencia Martín López Zubero, un italiano calvo y unas tías que estaban muy buenas que ni tengo, ni tenía idea en ese entonces de quiénes eran. La cosa es que no recuerdo con claridad a nadie firmarme en aquella pequeña libreta, pero sí recuerdo el despotismo de López Zubero, quizá aquel desplante desató mi desprecio a cualquier autógrafo posterior. Más tarde ya en mis días de periodista no recuerdo haber pedido la firma a nadie, ahora ya por una cuestión de ética. Alguna que otra foto con Enrique Iglesias, Gloria Estefan (porque me lo pidió ella), Alejandro Sanz (porque a Lari le haría ilusión), y bueno, un par de cheerleaders de los Saints, pero en líneas generales también paso mucho de hacerme fotos con famosos.

Y qué valor tiene un garabato en un papel, que a duras penas reconoces quién lo firmó y quién lo hiciera no sintió el más mínimo interés de realizarlo. Tener un papel con las firmas de tus personajes más adorados puede parecer que te acerca a ellos, que tienes en tu haber un trocito de su vida pero en realidad, a menos que esa firma te llegue en forma de dedicatoria, el autógrafo no deja de ser un poco de tinta con un diseño singular.

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