Archivo diario: Miércoles, 17 marzo, 2010

Busco a Rodolfo Martín

Hoy extraño a un amigo. En realidad, creo que no hay semana que no me venga a la mente. Conocí a Rodolfo Martín en 1996, él a mi no me conocía. Rodolfo comentaba la liga española para un canal que ya no existe en Estados Unidos, mi hermano y yo disfrutábamos de sus análisis, de su conocimiento del fútbol y sobre todo de España, de nuestras costumbres, de las bellas ciudades, de todo. Con él recorríamos España y sus costumbres en las dos horas de partido. Una España que habíamos dejado atrás poco más de un año antes y que con Rodolfo la sentíamos algo más cerca los domingos por la tarde.

Años después nos conocimos en persona. Fue en Key Biscayne, en un partido de fútbol tras el cuál me pidió ayuda. Desde ahí entablamos una amistad que para mí fue inolvidable. Arquitecto de profesión, Rodolfo sabía de fútbol como nunca he conocido a nadie. Su colección de revistas, que más tarde me regaló, superaba los 500 números, todos marcados con entrevistas claves, análisis de equipos o perfiles de jugadores. De África, Asia o cualquier otro rincón del Mundo, Rodolfo sabía cómo jugaba el lateral derecho de Mozambique. Él quizá pasaba por el peor momento de su vida, yo me sentía útil a su lado. Tengo que reconocer que parte del cariño hacia Rodolfo quizá llegó a mí, por el parecido con mi tío Sebastián. Los dos rondaban la misma edad, con un sentido del humor excelente, cultos y con los que podía hablar por horas sin aburrirme.

“Es el 3 del mes 3 de 2003 y somos tres en A todo gol” así comenzó Rodolfo el primer show de radio que hicimos juntos. Nos cagamos de la risa ese día. Esa risa que te da y no puedes parar. Yo estaba leyendo la publicidad que había conseguido del Dr. Lamb, un chino que me daba acupuntura antes de mi transplante de riñón y Rodolfo empezó a reírse por los putos nombres de la medicina maldita que no había manera que yo pronunciara bien. Yo rompí a llorar de la risa y ahí se jodió todo. Yo pasé días muy especiales, me dio mucha pena verlo así como estaba. Sus últimas horas en Miami las pasó en mi casa. De ahí partió una mañana lluviosa en su Mitsubishi repleto de las últimas cajas que empacó de su casa. Nunca más lo volví a ver. De eso hace ya casi siete años y solo supe que estuvo trabajando por Barcelona. Me gustaría saber solo si está bien aunque siendo sincero me encantaría pasarme una tarde hablando de todo, principalmente de fútbol.

Rodolfo, todavía tengo la bicicleta azul de carreras que me regalaste.

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