Archivo diario: Lunes, 15 marzo, 2010

Me encanta que me soben

Hoy exijo un masaje. Y es que me encanta que me toquen. Claro, pensaréis todos, “no te jode ¿y a quién no?”. Pues sí, yo he conocido gente que no le gusta que la soben, pero a mí me fascina. Lo descubrí hace ya muchos años con los primeros cortes de pelo. Me relaja, me aturde, me da sueño, se me va la mirada al infinito. Después de mis tragicomedias en SuperCuts os preguntaréis por qué sigo yendo, pues porque es el único sitio que la conversación no viene incluida en el paquete. Cuando me cortan el pelo prefiero no hablar, solo quiero disfrutar el momento.

Algo similar sucede con el pedicure. Por supuesto el corte de uñas no me enloquece pero el resto de la faena me hipnotiza. Después de la tunda que le doy a los pies, esa vez al mes que viene Olga a masajeármelos es mi día favorito, de lejos. Claro, todo tipo de masaje me hechiza, ahí sí estaremos de acuerdo. La espalda, las piernas, la cabeza, un buen aceite y el sonido del mar de fondo. Curiosamente me gusta que me maquillen. Y no para ningún show travesti (mal pensados, sobre todo tú Eduardo) sino para el segmento en televisión que tengo semanalmente.

Pero si tuviera que elegir algo por encima de todo, sería cuando me limpio los oídos, o si me los limpian mejor. Disfruto más que un perro cuando le acarician la barriga. Es más, creo que es una sensación parecida. O incluso similar a lo que sienten los gatos cuando le rascas el lomo hasta llegar a la cola. Siempre que me los limpio desearía tener cuatro orejas para disfrutar el doble.

Pues ya sabéis, si os trancáis con mi próximo regalo de cumpleaños, un  buen masaje en un SPA será bienvenido.

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