Archivo diario: Domingo, 7 marzo, 2010

Esmeralda

La vi marcharse con lágrimas en los ojos, agarrando el puñado de billetes que por su cara intuí que no le parecían suficientes. Esmeralda clavó sus ojos en el brillo de los míos, abrió la puerta y se marchó para siempre. Recuerdo el día que la conocí. Era una tarde de primavera cálida, con un tímido viento que alborotaba su pelo negro. Paseamos varias horas en la playa descalzos. Esmeralda no paraba de hablar. Al llegar a su casa nos sentamos en el sofá. Nos miramos fijamente con la sensación de plenitud y felicidad convencidos de que por fin habíamos encontrado lo que por tanto tiempo anhelamos. Esmeralda durmió esa noche rodeándome con sus brazos mientras susurraba que nunca se separaría de mi, promesa que cumplió hasta hoy.

Continuará el martes en la noche después del club literario El Dictador.

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