Archivo diario: Martes, 2 marzo, 2010

Me compré un Dodge, o casi

Obstinado de este maldito Chrysliter, hoy decidí echarle los tejos (perros) a un Dodge. Siempre me coqueteó el potente Dodge Charger, por su personalidad, su fuerza y su motor. A pesar de que a Lari nunca le gustó su diseño, decidí fantasear con la idea de llegar a casa con un Charger nuevo de paquete. Pues eso es lo que hice, o más o menos.

Fui a comprar una funda para lo que queda de mi volante, apreciablemente derretido por el sol y la humedad de Miami, cuando se puso en mi camino una de cuero con la marca Dodge en letras rojas grandes. Imponente, con clase, sello de calidad. Pagué los $7.99 que pedía el AutoParts por ella y la ajusté en mi volante. Lo más probable esta funda sea la parte más cara de mi coche en estos momentos. Por su puesto los 60 caballos con pulmonía que le deben quedar al Chrysliter no fueron reemplazados por el motor de 5.7 litros HEMI 8 válvulas y 368 caballos del Charger pero os juro que mi chatarra rugía igual. Bajé la ventana para escuchar el sonido del motor nuevo. Salí despegado del semáforo de la Kendall y la 67 ave. Alcancé tal velocidad que me pasé el cruce de mi calle. Llegué a mi casa con una peste a maguera quemada que lo más probable fue por el acelerón que le di al abuelo mientras yo divagaba inmerso en plena fantasía con mi Charger nuevo. Esperemos que mañana arranque el valiente.

Por lo pronto con menos de ocho pavos he conseguido revivir la chispa que había muerto entre los dos. Quizá si no dejara pasar tres años entre lavado y lavado este amor todavía prevalecería. Mi próximo objetivo será poner alfombras del Nissan Maxima, otro de los coches que algún día pensé comprar. Quizá más adelante le pongo encima de los asientos las fundas esas de bolas de madera que llevan los taxistas pakistaníes.

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