Archivo diario: Domingo, 14 febrero, 2010

El beso

Qué mejor manera de celebrar el día del amor y la amistad que escribiendo del beso. Ese acto perenne que de alguna manera ha queda infravalorado en las frenéticas relaciones del siglo XXI. La “primera base” en el argot gringo, que muchas veces ya dejamos de pisar. Base por bola para muchas personas, o sea, para los menos familiarizados con el béisbol, sujetos que entregan fácilmente el beso como algo ya obsoleto, con la mente puesta en la penetración, la importancia de ese primer paso se esfuma. Un contacto de labios que algún día formó parte absoluta del foreplay y que hoy en ocasiones nos olvidamos de él, quizá recurrimos a su conjuro una vez terminada nuestra faena, más bien para concluirla con un ¡buenos noches mi amor, buen polvo! Idea caducada del amor. Roce de lenguas sudorosas. Intercambio de apetitos. Alientos contaminados. El beso, a lo largo de la historia, ha formado parte de los momentos más excitantes de nuestras vidas, a veces de los más repugnantes.

Nuestro primer beso siempre quedará guardado en la memoria. El mío solo lo recuerdo mojado, sin imágenes. Y es que mis primeros besos fueron como esos de las películas, con los ojos cerrados. Me persiguió por años aquello de que si los abres es porque no amas. Preferí que me acusaran de corazón frío, que por cierto fui todo lo contrario, a cambio de llevar el recuerdo de una imagen por siempre conmigo. De los primeros besos solo tengo en mi retina una pantalla negra con muchas estrellitas, en cambio ahora puedo recordar con claridad la cara de mi mujer, ella con los ojos cerrados, en nuestro primer beso el 20 de septiembre de 1998 en un aparcamiento de Miami Beach. Recuerdo la torre de Lincoln Road con el reloj que marcaba pasadas la una de la madrugada. Recuerdo mi coche, en aquel entonces nuevo de paquete y perfumado. Recuerdo su pelo rizado, sus ojos cerrados, sus pestañas largas y su pupila titiritando. Recuerdo sus hombros suaves, sus manos, sus… bueno, lo dejamos ahí (No pasó nada, lo prometo).

Nadie nos enseña a besar. Muchas no aprenden nunca. Hoy, en el día de San Valentín haremos un recuento de la amplia variedad de besos con el fin de mirarnos en el espejo pare reflexionar ¿besaré bien?

– De silbido: Pon la boca así como si fueras a beber, incómodos, con miedo, donde no hay manera de entrar.
– Túnel de metro: Si te despistas  se te acopla la boca entera dentro de la suya.
– Aspiradora: Te succionan los labios y la lengua a su máxima extensión.
– Cabeza de tortuga: Al mínimo contacto con su lengua se recoge como cabeza de tortuga.
– Catarata: Te salivan de tal manera que tienes que parar para limpiarte el chorreo barbilla abajo, asqueroso.
– Pasivos: Como si tuvieran la lengua anestesiada. Dormida como foca al primer sol de verano.
– Feria ambulante: Esas lenguas que parecen sardinas saltarinas. Vueltas y vueltas que terminas mareado.
– Espadachines: Se enfrascan en una batalla de espadas, punta contra punta.
– Taladro: Su lengua entra hasta tocarte la campañilla. Las arcadas no son nada recomendables durante un beso.
– Hannibal Lecter: Llegas a sangrar en el labio a causa de los mordiscos.
– Escalofrío: Choque de dientes por el ímpetu. Uyy eso sí dolía.
– Excalextrix: Con aparatos en los dientes. Honestamente no se notaban pero la vista era horrible.
– Botox: Los labios tan tensos que ni los sentías.

¡Feliz San Valentín a todos!

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