Archivo diario: Miércoles, 10 febrero, 2010

Más recuerdos que algún día olvidaré

Después de escribir la entrada de ayer, continué recordando. Hoy recordé más cosas, y éstas me hicieron recordar muchas más. Diferentes lugares, otras caras, distintas aventuras. He llegado a la conclusión que es imposible escribir todos nuestros recuerdos. Sería una tarea interminable la de intentar plasmar en este blog absolutamente todo lo que tengo en mi cabeza. Al menos haré el intento.

Como olvidar el alemán que robó mi perro, la goleada 12-1 de España a Malta, el penalti de Eloy, la moto de mi abuelo, los viñedos de mi abuelo, los silbidos de mi abuelo. Los juegos a papás y mamás con mi vecina, el supermercado de mi madre. Los shows del hotel Balmoral, aprender a bailar Rock N´ Roll, los roces con la hija de Pepe, el día que me jodí los dos codos, los baños de mi abuela. Como olvidar a mi abuela. Su risa, su llanto al reírse, sus carcajadas. Cuando aprendió la alineación del Madrid de carretilla, sus migas, sus pedos, o cuando me olía el aliento para ver si había fumado o me preguntaba si había hecho droga. Las goleadas en el Bernabéu, Romay, la muerte de Fernando Martín, las subidas de Perico, el dominio de Induráin, el “vamos” de Arantxa, los goles del Buitre, los pases de Míchel. Las siestas de mi padre, las charlas con mi tío, las risas de mi madre, el único chiste de mi abuelo, las broncas con mi hermana, el peluche llamado Tito, después Enano. Otra vez me dan ganas de llorar. El llanto por Arconada, o por el gol de Señor, la pelotita de los Vicario, las paradas de Paco Buyo. Sergio y sus primas, Laura y sus padres. Alvaro y su familia, todos los habitantes de Calas. Cómo extraño esos años. Mi bicicleta de montaña, la más barata del Pryca. Las películas porno de los padres de A. Su tocadiscos, The Cure, la nocilla, su queso manchego, su canasta en el patio. La gravilla de las calles, las farolas verdes, las cuestas, sus subidas, sus bajadas. La playa. El mar. La arena. El sol. Los turistas. El verano. La plaza, las fiestas, las monedas en el cubo de agua, las pruebas por todo el pueblo, las piñatas de harina. El peluquero, la tienda de la Rosa, las barras de pan diarias, las dos cintas de Loquillo y Los Trogloditas, mi casa, mi cama, mi tiempo libre. Mis escapadas por el tejado, las noches de marcha, los bailes, las turistas, los amigos. La monotonía. La adrenalina. Las noches de espiritismo. Mi primer trabajo. La piscina del bar, los blody marys, las coca colas gratis, las hamacas, la cinta de U2 que me robé, The Unforgettable Fire.

Mañana más.

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