Archivo mensual: enero 2010

El 2 de mayo hago un triatlón olímpico

Siempre he tenido una peculiar manera para no motivarme con las cosas que me molestan. Por ejemplo, la gente que sufre por no hablar inglés, suele aprender. Si te ofuscas por no saber escribir en la computadora con todos los dedos, vas a clase. El que no tiene ropa nueva, compra. El que se enferma, toma medina. Y sobre todo, el que está gordo, hace dieta. Bueno, yo no soy así.

Veo otros triatletas en el Publix (ayer) y los envidio. Quisiera estar flaco y atlético, pero no hago nada al respecto. ¿Por qué será? Me quejo todos los días pero no pongo remedio. Sentado en el palco del Pro Bowl miro hacia abajo por donde asoma le relieve grotesco de mi barriga y mis tetas. Me dan asco. Hoy debí haber hecho la media maratón para la cual entrené cuatro meses, una lesión en el abductor me dejó fuera. Desmotivado por no competir, o quizá más aún por no poder entrenar para el half ironman de mayo ya que el equipo por el cual fiché se desintegró antes de formarse, pienso que necesito otro reto y me di cuenta que es la única manera que yo reaccione, con un plan, con una meta.

Así es que empecé a escribir todos los días, poniéndome la meta de hacerlo a diario, y no he fallado. Por lo que hoy me propongo el siguiente reto: bajar 20 libras de aquí al 2 de mayo para competir en el triatlón olímpico de Mack Cycle en Key Biscayne.

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Eché el árbol de navidad a la barbacoa

Hoy quemé el árbol de navidad en la barbacoa. Cansado de que el camión de la basura no se lo llevara, decidí cortar una a una las ramas del pino seco que hace menos de un mes adornaba nuestra sala con el niño Jesús en la copa. El olor me recordó a Mallorca, a incendio de verano, a los pirómanos de turno que acababan con nuestros bosques. Por un momento pensé que algún gringo decente y aplicado llamaría a los bomberos al no distinguir el olor típico a carbón bañado en gasolina procedente de mi barbacoa.

Corté varias ramas secas de la copa del árbol. El fuego era tan alto que me recordó a las fogatas de San Jordi en Mallorca. El calor que desprendía me puso nervioso, sudé. Encima de las ramas fui dejando caer trozos de América, ese carbón artificial que deja un sabor tan característico en el paladar. Las piezas negras fueron apagando la llama del pino igual que las tropas se adentran en un país, serenas pero certeras. Los soldados fueron apaciguando la llama rebelde. Ya no hay fuego. El agitado rojo y amarillo ha desaparecido para dejar en su lugar un tranquilo gris ardiente que se va consumiendo lentamente. Alguna llama insiste en no rendirse pero pronto se pierde entre el debilitado pero ardiente carbón. Mi barbacoa recuperó su tristeza habitual. En la hierba todavía descansa parte de mi árbol de navidad. Algún día arderá sin final, por más carbón que lo salpique su llamará nunca se apagará.

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Una tarde en Supercuts

Siempre me ha llamado la atención el mal rollo que hay en las peluquerías Supercuts. Por lo general estas peluquerías de cuarta división están dominadas por tijeras colombianas, cubanas y alguna que otra hondureña. Asumo que su salario es determinado por la cantidad de cortes que realican al día, de ahí la tensión que se genera por conseguir un nuevo cliente. A la que suelo ir está en la US-1, y no daré más datos para no tener problemas.

En una nota a parte, ayer contaba en la cocina que le había hecho fotos al actor Saúl Lisazo jugueteando con una pedazo de mujer en Macarena, por ahí del 1997, y resulta que es el tío de uno de los chicos que estaba comiendo conmigo y escuchando la historia. Espero no haberlo metido en problemas con su mujer, trece años después.

Por eso no diré que sucursal de Supercuts es la que frecuento. Esta vez, o sea hoy, fui con mis dos hijos. De nuevo, como sucede cada vez que voy, la señora colombiana se adelantó a la cubana robándole nuestro ticket, los tres cortes. A pesar del aparente enfado de la peluquera cubana nunca llegan a pelear. Solo se tiran indirectas más afiladas que navaja de barbero.

– Otra vez se me adelantaron. Aquí hay mucha víbora. Dice la peluquera cubana sin dirigirse a nadie desde la caja registradora.
– Estas se pasan el día hablando basura y porque una sí quiere trabajar entonces la critican, – susurra la colombiana mientras bordea mi oreja.

Una vez comenzado el trabajo le digo a la señora que quiero que me pase la máquina al número cinco.

– ay vea pues, eso es muy corto mi amor,- me contesta.
– Bueno, como usted diga.

Si por ellas fuera no cortarían un carajo para que tuvieras que volver mañana.

– ¿Quiere lavado?
– No, gracias.
– Tengo un conditioner que le va curar estas heridas que tiene en la cabeza,- me dice mientras escarba con asco en mi cabello.
– Nah, tengo uno en casa, tranquila,- le digo.
– Pues no lo usa muyb-bien, mi amor.
– Ya, sí.

A veces, pago los cuatro dólares extras del lavado solo por no discutir. De paso me dan un masajito en la cabeza.

En la caja registradora:

– ¿Quiere llevar algún productito señor? ¿Algo para su cabello, para el del niño mayor que no lo tiene muy saludable, para la señora?
– No, gracias, tenemos en casa.
– Hay 60% de descuento, aproveche.
– Nope, está bien, no se preocupe.
– Le haría muy bien a su pelo, con su figura, su altura y un pelo sano…- Se muerde el labio de abajo con los dientes de arriba, dejando escapar un sonido de succión, me recorre entero con sus ojos llenos de rimmel.

Y yo me siente sucio, imaginándome como la señora, que podría ser mi abuela, se hace la película conmigo mientras suspira.

Llego a casa y el lado derecho lo tengo más largo que el izquierdo. Vamos no me jodas, me insultaron el cabello, el de mi hijo, me presionaron para gastar más dinero, me violó mentalmente la abuela de la caja registradora y encima tengo que regresar a la peluquería a que me emparejen el desastre que me hicieron. Más que Supercuts esto SuperSucks.

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No pago la multa hijo de…

Hoy le dije mofo a uno de esos policías del aeropuerto. Fui a buscar a Dan, Manolo y Adrián que llegaban de México. Entré por la parte de abajo y como había recibido un mensaje de Adrián de que todavía estaban en inmigración me coloqué al principio de la fila, en la letra A, a esperar que el gilipollas de turno me echara de mi lugar.

A los diez minutos apareció el típico, esos que no pasaron el examen de policía y terminaron cambiando la pistola por la impresora esa de mierda que pone multas al instante. Lo vie que se acercaba caminando. Desde una distancia de 20 metros me hizo un movimiento de dedos, o sea, que me largara de donde estaba estacionado. Como siempre suelo hacer, continué con mi táctica. Manejé 100 metros y llegué a la letra D, ahí me estacioné a esperar por los muchachos. Minutos después apareció el  pasma wannabe, lo vi por el espejo retrovisor. En ese mismo momento sonó el teléfono, era Adrián. Caminen hacia la letra D, les dije, a la misma vez que me bajaba del auto abriendo desde dentro la puerta del maletero. Al llegar a la parte de atrás de mi coche el simpático oficial me gritó MOVE. Como si me hubiera caído encima el peso de todos los años de dictaduras, opresiones y esclavitud de todas las razas, religiones y colores de seres humanos, le grité WAIT, ya vienen. El desgraciado comenzó a golpear las teclas de su arma, esa impresora maldita, yo le pregunté si quería hablar con Adrián ofreciéndole mi teléfono. En eso ubiqué a Dan, Adrián y Manolo caminando desde la letra E en dirección a la D, donde estábamos. El maricón ya estaba agachado mirando el número de mi matrícula. Le dije, Por ahí vienen, LOOK AT THEM. Y me dijo que me había dado la oportunidad de marcharme y no la tomé. Yo seguía gritándole que mirara 20 metros a su derecha, señalando a los chicos. El muy cabrón caminaba en dirección al parabrisas pero sin mirar al frente, repitiendo YOU DIDN´T TAKE THE CHANCE, YOU DIDN´T. Yo le gritaba que estaban ahí enfrente, caminando hacia nosotros. Cuando puso el ticket en el limpiaparabrisas exploté. THEY ARE RIGHT THERE MOTHERFUCKER. Caminé hacia el ticket y mientras lo rompía en cuatro pedazos le aullé I´M NOT FUCKING PAYING IT HIJO DE PUTA.

El déspota infeliz se marchó balanceando su máquina maldita en sus dedos. Entonces llegó Dan, Manolo y Adrián.

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A todos los que crecimos en la calle

Hoy me llegó este texto de parte de Laura, una amiga de Teruel. Laura y Mapi son periodistas. Las conocí hace unos años cuando pasaron dos semanas con nosotros en Univision.com. Laura me pone al día de lo que pasa en España, pero no de lo que leo en El País, El Mundo o veo en el Telediario, sino de las novedades del pueblo.

Hoy me mando este texto que quiero compartir con todos aquellos que crecimos en nuestros países en las décadas de los 70 y 80 (quizá un poquito antes también). Disculpen los errores, no edité el texto.

El objeto de esta misiva es la de reivindicar una generación. La de todos aquellos que nacimos entre los 70 y 90 (un par de años arriba, años abajo), la de los que estamos currando de algo que nuestros padres ni podían soñar, la de los que vemos que el piso que compraron nuestros padres ahora vale 20 o 30 veces más, la de los que estaremos pagando nuestra vivienda hasta los ¡60 años!. Nosotros, no estuvimos en la Guerra Civil, ni en mayo del 68, ni corrimos delante de los grises, no votamos la Constitución y nuestra memoria histórica comienza con las olimpiadas del ’92. Por no vivir activamente la Transición se nos dice que no tenemos ideales y eso que sabemos de política más que nuestros padres y de lo que nunca sabrán nuestros hermanos pequeños y descendientes. Somos la última generación que hemos aprendido a jugar en la calle a las chapas, la peonza, las canicas, la comba, la goma, el rescate o el bote bote y, a la vez, somos la primera que hemos jugado a videojuegos. Hemos ido a parques de atracciones o visto dibujos animados en color. Los Reyes Magos no siempre nos traían lo que pedíamos, pero oíamos (y seguimos oyendo) que lo hemos tenido todo, a pesar de que los que vinieron después de nosotros sí lo tienen realmente y nadie se lo dice. Se nos ha etiquetado de generación X y tuvimos que tragarnos ‘bodrios’ como: Reality Bites, Melrose place o Sensación de vivir, que te gustaron en su momento, pero… vuélvelas a ver, verás que chasco. Somos la generación de Compañeros, de Al salir de clase…Lloramos con la muerte de Chanquete, con la puta madre de Marco que no aparecía, con las putadas de la Señorita Rottenmayer. Somos una generación que hemos visto a Maradona hacer campaña contra la droga, que durante un tiempo tuvimos al baloncesto como el primero de los deportes (Gracias Chicho!). Hemos vestido vaqueros de campana, de pitillo, de pata de elefante y con la costura torcida; nos pusimos bombers sin miedo a parecer skin heads. Nuestro primer chándal era azul marino con franjas blancas en la manga y nuestras primeras zapatillas de marca las tuvimos pasados los 10 años (Esas J’hayber!). Entramos al colegio cuando el 1 de noviembre era el día de Todos los Santos y no Halloween, cuando todavía se podía repetir curso. Fuimos los últimos en hacer BUP y COU, y los pioneros de la E.S.O. Hemos sido las cobayas en el programa educativo, somos los primeros en incorporarnos a trabajar a través de una ETT y a los que menos les cuesta tirarnos del trabajo… Siempre nos recuerdan acontecimientos de antes que naciéramos, como si no hubiéramos vivido nada histórico. Nosotros hemos aprendido lo que era el terrorismo contando chistes de Irene Villa, vimos caer el muro de Berlín y a Boris Yelsin borracho tocarle el culo a una secretaria; los de nuestra generación fueron a la guerra (Bosnia, etc.) cosa que nuestros padres no hicieron; gritamos OTAN no! bases fuera!, sin saber muy bien qué significaba y nos enteramos de golpe un 11 de septiembre. Aprendimos a programar el video antes que nadie, jugamos con el Spectrum, odiamos a Bill Gates, vimos los primeros móviles y creímos que Internet sería un mundo libre. Somos la generación de Espinete, Don Pimpón y Chema ‘el panadero farlopero’.Los q recordamos a Enrique del Pozo cantando con ganas abuelito dime tu…). Los mundos de Yupi y las pesetas rubias con la jeta de Franco en algunas de ellas. Nos emocionamos con Superman, ET, los Goonies o En busca del Arca Perdida. Los del bocata de chorizo y mortadela y también Phosquitos, los Tigretones eran lo mejor, aunque aquello que empezaba (algo llamado Bollycao) no estaba del todo mal. Somos la generación del coche fantástico, Oliver y Benjí… La generación que se cansó de ver las mamá chicho. La generación a la que le entra la risa floja cada vez que tratan de vendernos que España es favorita para un mundial. La última generación que veía a su padre poner la baca del coche hasta el culo de maletas para ir de vacaciones. La última generación de las litronas y los porros, y qué coño, la última generación cuerda que ha habido. La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia!!!! Mirando atrás es difícil creer que estemos vivos en la España de antes: Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bags, hacíamos viajes de más de 3h sin descanso con cinco personas apretujadas en el coche y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños. Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas ni codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando se encendían las luces. No había móviles. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerras de piedras y no pasaba nada, eran cosas de niños y se curaban con mercromina (roja) y unos puntos y al día siguiente todos contentos. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas!!! Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto. Estábamos siempre al aire libre, corriendo y jugando. Compartimos botellas de refrescos y nadie se contagio de nada. Sólo nos contagiábamos los piojos en el cole. Cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente (o los más afortunados con Orión). Y ligábamos con los niñ@s jugando a beso, verdad y atrevimiento o al conejo de la suerte, no en un Chat. Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. Sabias que se rifaba una ostia si vacilabas a un mayor. No había nadie para resolver eso. La idea de un padre protegiéndonos, si trasgredíamos alguna ley, era inadmisible, si acaso nos soltaba un guantazo o un zapatillazo y te callabas. Tuvimos libertad, fracaso, respeto, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello. Eres tú uno de ellos?? ¡Enhorabuena! Pasa esto a otros que tuvieron la suerte de crecer como niños, antes de que todos estos niñatos que hay ahora que se creen algo y no tienen respeto ni educación a nadie destrocen el mundo en el que vivimos. GRACIAS!!! Un saludo a todos! Cuidaros y que os vaya bien!!

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¿Hasta cuándo mi hijo menor preferirá a su madre?

Mi hijo menor me ignora, pero no me afecta, ni me molesta. Mi segundo hijo siempre ha sido más apegado a mi mujer que el mayor. De hecho no recuerdo nunca a nuestro primer hijo hacer las cosas que hace el segundo. Claro que los primeros meses, quizá el primer año mami era lo máximo, pero siempre hubo espacio para papi. Eso con el mayor, aunque cuando al pequeño se refiere, si mami está cerca, yo no existo. Pero eso no me afecta, ni me molesta.

Me queda el consuelo que cuando estamos los tres solos ahí sí me da mi lugar, pero en cuanto aparece mami, ciao. Si le pido un beso, me ignora. Si trato de acercarme, me huye. Si lo persigo, sale corriendo. Si lo alcanzo, reniega. Si fuerzo para sacarle un beso, me grita. Si le doy el beso, me pega. Pero lo cierto es que no me afecta, ni me molesta. No quiere que lo bañe, ni que le prepare la leche. Tampoco quiere que me siente en la mecedora para que lo duerma, o que lo tape si se despierta en la noche. ¿Hasta cuando seguirá prefiriendo a su mami? ¿Hasta cuando durará este rechazo hacia su papi?

Por suerte todo esto ni me afe…que leches, claro que me afecta y me molesta. Sino por qué estaría escribiendo esto.

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American Airlines es una…

Cómo puedo expresar este sentimiento sin ofender a nadie, por ejemplo: American Airlines es una mierda. Creo que esta frase podría definir mis sensaciones durante este fin de semana largo.

Ayer volvimos a peder el vuelo de conexión de Chicago a Miami, viniendo de Indianápolis. La nieve, el hielo y el frío fueron las causas y como dijo Víctor, el supervisor de AA en Chicago “Nosotros no podemos controlar el tiempo” igualmente yo no puedo controlar mi ira. American Airlines se negó a pagarnos el hotel en Chicago, ofreciendo solo el 50% después de que le mostrara mi vena murciana al pobre encargado mexicano con peto amarillo fosforescente. La cuestión es que es una regla de la compañía pero como le dije a Víctor “estamos de acuerdo los dos que la regla es una pendejada para joder a los pasajeros”. El tiempo no se puede controlar, cierto, pero el invierno en Estados Unidos es bien predecible, joder, siempre llueve, nieva, hay niebla y sopla el viento. Entonces, ¿por qué tiene que pagar el pasajero por los caprichos meteorológicos? Ya nos cortaron la comida, luego nos privaron de los cacahuetes, después nos cobraron por el equipaje y ahora nos joden si nieva, y seguimos pagando un dineral por un puto pasaje.

La cuestión es que el sábado en la noche nos pasó lo mismo. Tuvimos que dormir en Chicago al perder la conexión a Indianápolis. Cuando pierdes la conexión no te dan la maleta que facturaste, o sea que tienes que pasar el día con la misma ropa con la que volaste. Yo, de pendejo, me olvidé calcetines extra y otro pantalón, por lo que llevo desde el sábado con los mismos calcetines (que eran blancos) y los mismos pantalones vaqueros (jeans) que están ya acartonados, sin afeitar porque me olvidé mi maquinilla y esas azules de los años 80 que te dan en el hotel me irritan la cara, o sea que no me extrañaría que me detuvieran en Miami con esta pinta de delincuente que tengo.

¿Cómo he sobrevivido para mantenerme fresco en este caótico viaje? Con un spray de Fresh Lavanda que me dieron el sábado en Chicago.

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