Sí, estoy gordo

Esta mañana en el parque vi una niña con cáncer. Hoy me levanté más gordo que ayer. Fue por eso que decidí volver a correr. Después de tres meses entrenando para una media maratón (21K-13.2 millas) me lesioné el abductor o el aductor (no sé bien cual) de la pierna derecha jugando a fútbol. Pues hoy, después de casi un mes sin correr por culpa de la lesión decidí regresar con seis millas para ir recuperando la forma. A los veinte minutos mi hermano y Leah me habían dejado atrás, o más bien les di permiso para abandonarme, al darme cuenta que todavía no habían roto a sudar. Sorteando los niños con bicicletas y los patos vagabundos, esos que tienen una lagaña roja pegada en un ojo, conseguí dar la vuelta completa por el caminito asfaltado. Con un leve cojeo por el dolor en la ingle, un pinchazo a la altura del pecho izquierdo, con todo la liga de lacrosse femenino mirando mi barriga y sus 20 libras de excedente dando brincos, los ojos entre cerrados por el sudor amargo y sucio que se deslizaba de mi pelo con casi veinticuatro horas sin lavar, decidí detenerme. Fue ahí cuando la vi. No tendría más de doce años, sin pelo, sentada en una sábana a la sombra de un árbol. Too much turkey? me preguntó el adulto que la acompañaba al verme escupir al suelo, doblado con mis manos en las rodillas. I´m too fat, le dije. Ahí fue cuando me di cuenta de mi insignificante enfermedad. Me di cuenta de la trivialidad que me atormenta. Y no porque la obesidad no sea un problema serio, sí. Sino porque capté el doble sentido del padre de la niña que jugaba con una rama sin flores a la sombra de un árbol. You can do something about it, dijo. Claro, seré estúpido. Cómo me atrevo a presentar semejante conflicto intrascendente cuando a su hija le quedarán algunos días para morir.

Cojeando hacia casa pensé que la niña quizá nunca pueda disfrutar de las amarguras y comedias de la vida. Nunca podrá romperse el brazo por lo que no será la más envidiada de su clase por la escayola firmada. No podrá suspender dos en junio, ni sentir el alivio al aprobarlas en septiembre. Su novio no le pondrá los cuernos, ni se enamorará a primera vista de su futuro marido. No pasará 24 horas de parto, ni dará pecho a su primer hijo. No deberá diez mil dólares en su tarjeta, ni dormirá satisfecha al comprar su primera casa. Mientras pensaba todas las cosas que se perderá esa niña, el dolor de mi ingle se fue disipando. Seguiré quejándome de esta situación de tan fácil remedio si mi único tormento es que estoy gordo.

1 comentario

Archivado bajo Crítica

Una respuesta a “Sí, estoy gordo

  1. A correr pues muchacho!! Y a aprovechar la vida que se nos regale. Éxito!

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