Archivo mensual: septiembre 2008

Argentina no gana pero como habla, macho

Son Campeones del Mundo, Sub 20, de los Juegos Olímpicos, de la guardería de mi  barrio y Mundial Gay, el problema es que hace años que no ganan un carajo, en diez años han sacado dos jugadores de nivel mundial y parece que eso ya les pica porque no es normal la cantidad de chorradas que dicen. Acho, cómo hablan carajo. Maradona fue el más grande pero ya, basta ya, cada vez que abre la boca es para decir tonterías. Ahora la tomó con Messi. El otro, el Loco Gatti, que no salió de Argentina, que ganó tres miserables copitas importantes, parece que se sacó el vaso de wisky de la boca para decir que Casillas es un portero horrendo. Ya pibe, dejate de joder. Analicen su fútbol, sus fuerzas básicas, empiecen por ganar la Copa América, hagan algo porque se les va el tren. La culpa no es de Messi ni de Casillas. Sé que duele ver lo que está pasando pero el problema es Riquelme, el sobrevalorado de Tévez, el muerto de Cambiasso, el abuelo de Zanetti, Jonás no existe, no jodan a Messi, por su puesto a Casillas y más importante aún, bajen el ego que hace 22 años que dejaron de ser los más grandes.

Machitos, déjense de joder, dejen la droga y el alcohol, gánenle a Chile y Ecuador por favor, pero sobre todo no utilicen la táctica de G. W. no distraigan la atención del verdadero problema con comentarios imbéciles.

Con cariño que los quiero a todos.

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La pesadilla de un viaje

Estamos de regreso en Miami tras una auténtica aventura en Jamaica. Tras ser golpeados por el Huracán Gustav el jueves en la noche, el viernes, sábado y domingo fueron todavía más tormentosos. Nuestro vuelo del viernes se canceló y nos confirmaron salir de Kingston el lunes a las seis de la mañana. Pensar que nos teníamos que quedar tres días más en una ciudad destrozada, sin nada que hacer, encerrados en el hotel con unas condiciones horribles, me producía una sensación de ansiedad terrible. Sobre todo porque hoy lunes salimos para Puerto Rico a las cuatro, lo que significaría que vería a mi familia unas horas nada más.

El viernes fue infernal en Kingston. Todo el día lloviendo, la ciudad estancada, encerrados en el lobby del hotel, sin aire acondicionado, sin luz (obviamente sin cable, sin Internet) sin suficiente comida, sin agua caliente y con el estrés de tener que dar seguimiento a la historia de Gustav. La gente se acumuló en el lobby del hotel, todo el mundo agobiado, estresado y empapados de sudor gritaban a los empleados, que peor que nosotros habían pasado toda la noche trabajando achicando agua de los pasillos y ahora intentaban calmar a unos hostiles huéspedes. Así pasamos todo el día y la noche del viernes hasta el sábado temprano donde decidimos acampar en el aeropuerto para poder viajar en lista de espera.

Nuestra compañía de vuelo nos indicó que el aeropuerto estaba cerrado pero en el tumulto de lobby del hotel alguien infiltró la información de que el sábado el aeropuerto estaría abierto. Acordamos con dos personas salir del hotel a las siete de la mañana para entrar en la lista de espera del primer vuelo. Nuestros dos cómplices no estaban en el lobby el sábado en la mañana, al llegar al aeropuerto descubrimos que habían madrugado llegando a las seis y comprando dos tickets partiría para casa a las diez, nos engañaron. Tras varias horas de sudor y discusión conseguimos un boleto para el vuelo de las diez del sábado. Por suerte me tocó a mí, pero me negué a viajar para no dejar al Gran Corky (José Corcino, el camarógrafo) solo en Jamaica. El aeropuerto estaba sin electricidad, repleto de gente discutiendo en las colas, en los mostradores, en las puertas de entrada, todo el mundo gritaba. Gente que llevaba desde el miércoles durmiendo en el suelo. Los empleados en los mostradores estaban histéricos aguantando las quejas de la gente, tenían que hacer la facturación a mano porque no funcionaban las computadoras, rellenaban la tarjeta de embarque y luego marcaban tu nombre en una lista inmensa donde estaban todos los pasajeros.

Así pasamos todo el sábado, con la ilusión de entran en la siguiente lista de espera y poder llegar a casa. El jueves me bañé con agua fría en el hotel, pasamos todo el día sudando, la noche del huracán sudando, el viernes sudando, la noche del viernes igual, todo el sábado sudando y sin podernos bañar. La noche del sábado la pasamos en el aeropuerto, sudando y obviamente sin conseguir un baño. Habíamos perdido la cuenta de los días que llevábamos sin una buena ducha. Sí, se pueden imaginar como estaba ese aeropuerto con gente desde el miércoles sin bañarse.

Por fin, el domingo a la una de la tarde conseguimos un vuelo a Miami. Primer escuché mi nombre pero no celebré hasta no escuchar el de Jose, era la única manera que podía regresar, solo si lo hacíamos los dos juntos. Nunca he estado tan feliz al escuchar el apellido Corcino. Al llegar a casa descubrí que había olvidado las llaves de mi coche y las camisas con las que había viajado, no me importó. Me di un buen baño, pasé un rato con mi familia y dormí toda la noche, feliz, en el fresquito de mi habitación. Ahora pienso los días que Franklin, Jolly y todas las personas que conocimos en Jamaica, seguirán sufriendo por las condiciones inhumanas en las que viven, y siempre con una sonrisa.

Hoy nos vamos a Puerto Rico. Esperemos que las aventuras terminen aquí y tengamos un viaje placentero para cubrir el Islanders contra el Alajuelense de Costa Rica.

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