Me corté el dedo por el Pollo a la King

El sábado me corté un dedo. Estábamos preparando un Pollo a la King, que por cierto quedó muy rico, y en el proceso me llevé un trozo de mi dedo gordo izquierdo. Corté el ajo, piqué la cebolla y cuando llegó el turno del pimiento rojo, el travieso de mi dedo pulgar se metió entre el cuchillo y la tabla. Fue una sensación extraña. Me pareció que estaba cortando zanahoria y tomate a la misma vez. Al llegar al dedo sentí algo duro, pero una vez corté las primeras capas de piel, el cuchillo se me deslizó sin ningún esfuerzo a través de mi carne. No sentí dolor, al principio, claro. Una vez me llegó al cerebro el pinchazo amargo, algo así como una llaga en la boca, mezclada con una descarga eléctrica, limón y un poco de sal, ahí dejé de empujar el cuchillo pero ya me había llevado media yema.

Cuando te pasan estas cosas es inevitable pasar los siguientes días pensando en tu dedo, el cual el resto del tiempo es tan insignificante y está tan olvidado, aunque siempre es imprescindible y muy utilizado. El tajo que me pegué parece que estuviera maquiavélicamente planeado por el propio dedo, -Ah, ¿No me haces caso nunca, eh? Pues ahora te vas a enterar de todas esas cosas que hago y pasan desapercibidas-. Por ejemplo y sin ningún orden:

– Desabotonar el pantalón. Metes el dedo gordo entre la barriga y el pantalón, lo apoyas en el botón y con el índice rotas en el sentido opuesto a las agujas del reloj.
– Aguantar el canconcillo al momento de orinar.
– Abrir el tapón de la botella (leche, Coca, etc.)
– Escribir en el black berry.
– Jugar a la Play.
– Tocar el claxon de mi auto. (Está justo en el medio del volante, pero es un botón chiquito, solo se puede tocar con el pulgar, la leche con Chrysler)
– Sacar los mocos pegados a la pared superior de la nariz. A pesar de que se usa el índice para apretar la pared de la nariz por la parte de afuera, el verdadero protagonista y excavador es el dedo gordito.
– Estirarte el canconcillo hacia abajo. Esto claro, a la vez que mueves el culo hacia atrás.
– Rascarte los mismos (huitos).
– Abrochar el cinturón de los asientos de los niños en mi auto.
– Romper una bolsa de plástico cuando el nudo está ya imposible. Se han fijado como con los otros dedos estiramos la bolsa y luego clavamos el pulgar.
– Abrir la caja del DVD.
– Abrir el bote del Nesquik. El la tapa amarilla solo hay un trocito de plástico que sobresale en esquinas opuestas. Se supone que le metas el pulgar debajo y empujes hacia arriba como si estuvieras lanzando una canica.
– Colocar la mano debajo de la cabeza al dormir en el sofá. Esto si me jodió. Literalmente lo que hacemos es aplastar el dedo gordo con la cabeza. Dulce venganza del cabrón.

Bueno, como habéis visto mi fin de semana ha sido miserable. En todo momento mi dedo gordo me ha recordado todo el trabajo que hace y que nunca yo había reconocido. Lo puse a descansar y he venido haciendo todo con la otra mano y el otro pulgar. Ahora solo me falta que el otro dedo gordo se meta debajo del cuchillo por sobrecarga de trabajo y explotación indebida.

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