Era la típica casa de pueblo del sur. Fachada estrecha, puerta de metal, el techo bajo en la primera planta y muy alto en las habitaciones de arriba. Aquí habían nacido y muerto generaciones y generaciones de mi familia por parte de mi madre. Mi primo, siempre interesado por las cosas antiguas, había pasado horas y horas durante los veranos en la iglesia del pueblo haciendo el árbol genealógico de la familia. Ahí había descubierto que la casa tenía más de cuatrocientos años. En ella había vivido toda una generación familiar de mi abuela que ni siquiera ella conoció.
Miércoles, 11 Marzo, 2009
Mami here, here
A los oscuros relatos que alguna vez compartí sobre las experiencias paranormales de Marcos, quiero sumar los sucesos escalofriantes que ocurrieron unas noches atrás, esta vez con Sebas como protagonista.
A las doce y pocos minutos de la madrugada nos despertó un golpe sordo, más bien a mi me despertó Lari con otro golpe, pero en las costillas.
- ¡Alguien se cayó! ¡Alguien cayó!
Cuando volvió a repetir esas tres palabras, bien comunes en los primeros años del ofició de un padre, Lari ya había abierto la puerta de nuestra habitación y escuché de nuevo dos golpes. Los ruidos fueron sordos, lejanos, pero procedentes de la habitación de los niños y seguidamente escuché el llanto de Sebas. El cuerpo se me soldó a la cama mientras un escalofrío eléctrico me comenzó en la oreja derecha terminando en la parte baja de mi espalda. Pensé fugazmente “a pesar del golpe que Lari me dio en las costillas y a través del sueño he escuchado el primer golpe, y ahora dos más. Solo tenemos dos hijos, por lo tanto uno se ha tenido que caer dos veces en cuestión de segundos, algo bien improbable”.
Me levanté y caminé detrás de Lari hasta la habitación de los niños. No había señales de caída, cada niño estaba en su cama pero Sebas lloraba como si algo hubiera sucedido. Su llanto no era normal y yo estaba seguro de haber escuchado tres golpes de algo pesado caer sobre la alfombra de la habitación
Bajé las escaleras en busca de leche. Comprobé que no había nadie con vida en la casa, ni detrás de la cortina de la cocina, ni en el baño, nada más, no hay más lugares donde esconderse en nuestro diminuto townhouse. Sebas, arriba en su habitación, seguía llorando sin consuelo.
- ¿Quieres leche? –le dije.
- No –contestó.
- ¿Quieres que te cargue? –le dijo Lari.
- No.
- ¿Quieres dormir?
- No.
- ¿Cierro la puerta?
- No.
Una conversación perfectamente probable con un niño de dos años a estas horas de la noche pero ese instinto que hemos desarrollado al afiliarnos al club de la crianza nos dijo que algo andaba mal. Sebas seguía llorando como si alguien o algo le molestara, una presencia que para cebe de mi miedo yo también estaba sintiendo.
Regresé a mi cama, incómodo por el llanto de Sebas pero más aún por esa presencia en la habitación. Desde ella veía la sombra de Lari mecerse en el techo del pasillo y sentí que algo subía por la escalera. A pesar del susto pude sacar las piernas de debajo de la colcha y al sentarme en la cama pude comprobar que no subía nadie. Caminé a la habitación de los niños y le dije a Lari que trajera Sebas a nuestra cama.
- ¡Así no despertará a Marcos con el llanto! –le dije a Lari.
En realidad lo que no quería era estar solo en mi habitación. Estaba ya muerto de miedo. Una vez los tres en la cama Sebas se calmó y empezó a tomar su leche. De repente soltó el biberón y comenzó a señalar a la puerta de nuestra habitación diciendo:
- Mami here, here.
- ¿Qué quieres, ir a tu cama? –le dijo Lari.
- No.
- ¿Cerramos la puerta?
- No. Here, here.
- ¿Apagamos la luz del baño? –La había dejado yo encendida para atenuar mi miedo aunque sin éxito.
- No. Here. –Dijo de nuevo señalando hacia la puerto, como si estuviera viendo a alguien.
- Bueno cálmate que estás con mamá y papá.
Los dos nos miramos evitando la pregunta de la cual no queríamos escuchar la respuesta: ¿Hay alguien ahí en la puerta? Y seguro hubiéramos recibido un Yeay (sí, en la jerga de Sebas)
Yo pensé que mejor no decirle al crío que está seguro con papá porque si ve espíritus, seguro también tiene la sensibilidad para sentir el miedo que tenía en ese momento y que necesidad hay de estarle mintiendo desde tan pequeño. Yo estaba ya temblando, escuchando ruidos, viendo sombras. La cara de miedo de Lari tampoco me estaba ayudando en mi proceso de relajación.
Al minuto se calmó y en seguida comenzó a señalar encima de nuestro armario.
- Here, here.
Lari y yo nos miramos, ahora ya sí aterrorizados. Intercambiamos sonrisas nerviosas y volvimos a evitar esa pregunta la cual ya conocíamos la respuesta.
La última vez que sucedió un episodio así terminamos haciendo una limpia de espíritus por todos los rincones de la casa. ¿Quizá volvieron? Yo sabía que no nos traería nada bueno aquel episodio de santería barato, sobre todo porque Lari se miró al espejo del baño de abajo y según la leyenda urbana eso es lo peor que puedes hacer cuando estás ahuyentando a los inquilinos del más allá. Ese día de la limpia salimos corriendo de la casa mientras se quemaba el incienso cruzado en forma de equis en nuestro portal. Manejamos lejos, sin sentido y por calles las cuales nunca habíamos pasado nunca, siguiendo los consejos de nuestra santera, claro. Nos bajamos del auto y como si estuviéramos llenos de hormigas nos sacudimos los espíritus bailando el ya fracasado break dance. Regresamos a casa por otro camino diferente al de ida para que las criaturas no encontraran el camino de vuelta.
Después de ese episodio de limpieza, Marcos nunca más volvió a decir que veía un señor flotando cerca de la ventana. Quizá regresó el señor pero esta vez solo Sebas lo ve. Tras una larga, tensa y sudorosa hora tapados hasta la barbilla con la colcha, con los ojos abiertos a más no poder logramos por fin conciliar el sueño. Sebas no ha vuelto a dejarnos saber sobre sus visiones nocturnas pero sí ha tenido dos noches con los mismos síntomas en el departamento del llanto. Por si acaso ya compramos el incienso. Este fin de semana habrá limpieza pero esta vez manejaremos a Hialeah, que de ahí seguro el espíritu no sabrá salir ni encontrar el camino de vuelta a casa.
Jueves, 29 Enero, 2009
Comercial del Super Bowl suspendido por su contenido sexual
Cada día menos me sorprenden las decisiones de algunas mentes conservadoras de Estados Unidos. La cadena NBC ha prohibido un comercial de PETA donde unas modelos en ropa interior se entretienen con unos vegetales.
Ojalá ya estén de regreso en El Mortero después de disfrutar del video y de Amanda. Pensé no poner el link tan arriba por eso mismo, para que no se perdieran en la página de PETA. En fin, como habrán podido ver, o no ver, es un escándalo que prohíban ese comercial, es ridículo. No hay pepinos, ni fresas, solo calabazas y brócoli. Por ser vegetariano no se ve ni la carne de las modelos, se advierte que están en ropa interior pero no se disfruta ni una curva. Si estos fachos nos hubieran censurado los anuncios de Dove donde se veían los senos, o los cuerpos Danone, o los clásicos de la Serie Rosa (ya sé que esto no era un anuncio, pero si la hubieran prohibido yo sabría mucho menos de sexo de lo poco que ya sé), sin todas esas visiones explícitas e implícitas ni yo, ni gran parte de los jóvenes españoles de la era post-Franco hubiéramos creado este apetito por el sexo y sus alrededores, y eso sí hubiera sido una tragedia.
A lo que quería llegar, y no sé si lo conseguí, quizá ni lo intenté es que no beneficia más que a PETA.org esa censura ridícula. Ahora, sin haber pagado los $3 millones por 30 segundos que pedía NBC conseguirá ser el comercial más visto del año, lo verán todos los niños del país (que quizá durante el Super Bowl ni se hubieran percatado porque siempre aprovecha uno para ir al baño o rellenar el bowl de salsa para los Tostitos) pero esos mismos niños, que sintieron la represión y pensaron que hacían algo prohibido al ver este comercial erótico, crecerán pensando que el sexo y la verdura son malos. Esos niños comerán carne, pizza y slooppy joes mientras se masturben a escondidas pudriéndose en sus remordimientos para de mayores acabar en el sitio del condado, con un puntito rojo encima de su vivienda, alertando a los vecinos de que ahí vive un depredador sexual con antecedentes penales.
Recuerden, mezclen el sexo con la verdura, o la verdura con la carne o la pasta, antes o después, o durante que todo adelgaza.
Sábado, 24 Enero, 2009
Murió la modelo brasileña Mariana Bridi
¡Feliz Año y final del pasado! Regreso con una noticia asfixiante: la modelo brasileña Mariana Bridi ha muerto. La finalista Miss Mundo sufrió una infección en la orina y tras un mal diagnóstico le fueron amputadas las manos y los pies. Mariana Bridi llegó al hospital con una infección de la bacteria pseudomonas aeruginosa, pero los doctores pensaron que tenía piedras en el riñón. La bacteria, fatal en muchos casos, se propagó con velocidad cortando la circulación de las extremidades, lo que no dio otra opción mas que la amputación. Tras varios días de agonía, la guapa modelo contrajo septicemia y murió.
Mariana Bridi quizá pasó a mejor vida, quién sabe. Siempre me pregunto si la muerte es peor para el que muere o para el que se queda. Si la modelo brasileña hubiera sobrevivido a la amputación de sus manos y pies, su vida hubiera sido una nube de depresión, ansiedad, claustrofobia y desesperación. Para sus más allegados una vida de impotencia, sufrimiento, duda y amargura. Al morir Mariana Bridi sus seres queridos descansarán, la extrañarán y dependiendo de sus creencias religiosas entenderán. Mariana Bridi ya fallecida, en fin, desde este lado lo único que podemos intuir es que no sufrirá más, o sí.
De cualquier manera la muerte es el fin de algo, al menos de lo que conocemos materialmente. La vida en algunas ocasiones, quizá puede ser peor, como en este caso para Mariana Bridi y sus seres queridos. Yo de elegir preferiría la vida, pero para sufrir y causar dolor puede ser que por momentos me decantara por la muerte, aunque luego me arrepintiera.
Viernes, 31 Octubre, 2008
De aventura por Costa Rica
Cualquier comentario que hayas escuchado sobre Costa Rica, sobre sus paisajes, su selva y sus volcanes, sobre sus deportes extremos o si lo prefieres, sobre lugares para relajarte ajeno a la vida cotidiana y frívola, todos esos comentarios se quedan cortos. No hay lugar en el mundo, que yo haya conocido hasta ahora claro, que reúna tantas maravillas juntas.
El volcán del Arenal, a dos horas de San José es un paraíso. Para llegar tienes que tomar una carretera estrecha que atraviesa las montañas haciendo eses por unas colinas repletas de vegetación hasta llegar al pueblo La Fortuna. Cuando busques información del lugar encontrarás el ochenta por ciento de los hoteles ahí, en ese pueblo, al lado Este del volcán El Arenal. No te apresures y sigue buscando hasta encontrar el hotel Linda Vista, al lado Norte del volcán. Por $48 dólares la noche (no lo encontrarás más barato) tendrás la mejor vista del lugar, hacia el lago de diecisiete kilómetros de largo y hacia la cara donde el volcán desprende su lava y roca. Para llegar hasta aquí entrarás en un camino de piedras, donde los tres kilómetros de recorrido te llevarán media hora, pero merece la pena. Perdido en medio de la selva, en una pequeña colina empinada, con unas habitaciones relativamente grandes que tienen una cristalera en vez de pared, como si fuera un escaparate, el Linda vista hace honor a su nombre.
El ruido del agua golpeando las piedras río abajo empieza el tratamiento de relajación por el cual viniste a Costa Rica. El espeso bosque se va cubriendo por las nubes que bajan a gran velocidad, algunas se detienen, imagino que atónitas también por la belleza del paisaje. El inmenso lago parece pintado en el paisaje. Inmóvil, con el reflejo de las nubes en su superficie, llega hasta el pie del inmenso volcán El Arenal. Ahora mide más de 1700 metros, hace cuarenta años no existía. En 1968 todo esto era una gran llanura repleta de una densa selva. Un río comunicaba el pueblo de La Fortuna con la aldea El Castillo. Entonces una grieta en la tierra comenzó a tirar lava y destruyó todo un pueblo, cubrió más de treinta kilómetros a la redonda arrasando todo a su paso. Tras varios días de muerte y destrucción las autoridades decidieron construir una presa para hacer un lago artificial ya que la descomposición de animales y personas estaba infectando toda el área. En varios días el lago Arenal se había creado. Cuarenta años después, esa misma grieta que fue creciendo y creciendo es ahora uno de los volcanes en activo más espectaculares del mundo. En la noche puedes ver los ríos de lava bajar a una velocidad escalofriante. Las explosiones se pueden confundir con grandes truenos, pero no lo son. De repente una nube de polvo y ceniza, como si una bomba hubiera explotado, sale del cráter del volcán y comienzan a caer las piedras ya solidificadas.
Pero si estás ya cansado de descansar es momento de que comience la emoción y dejes correr la adrenalina. Cuando estés en el hotel Linda vista pregunta por Alonso, el guía que vive en la aldea El Castillo, o simplemente subes la colina (es un kilómetro) y llegas a su casa. Alonso es biólogo, casado y con una hija. La aldea El Castillo le debe su existencia a esta gran persona. Conocedor del lugar, la naturaleza, la historia como nadie. Sus conocimientos son inacabables, fue un auténtico placer escuchar sus explicaciones mientras realizábamos las excursiones. Pues hace cuatro años cuando Alonso llegó a El Castillo prácticamente todos los habitantes estaban vendiendo sus casas por falta de trabajo. Es un lugar tan remoto que no llegan tantos turistas, al ser en medio de la selva las personas del pueblo no tenían ya de que vivir. Alonso decidió abrir un centro de actividades para los turistas y poco a poco fue dando trabajo a todo el pueblo. Él no se beneficia sino que por ejemplo ofrece unas excursiones a caballo porque un señor del pueblo tenía unos caballos a punto de morirse. Ofrece un mariposario porque alguien tiene un jardín con mariposas, un serpentario, habitaciones para alojarse en casas de los vecinos, para las excursiones utiliza gente del pueblo como guías en coche. Pero lo más importante es que él es un enamorado de la naturaleza. Con su padre dio los primeros pasos, más tarde estudió biología y ahora con ayuda del gobierno ha montado un plan de enseñanza para los niños del lugar. Ahora no hay ningún solo cartel de se vende en las casa de El Castillo, todo el pueblo vive del selecto turismo que llega a la zona.
Continuará…
Jueves, 11 Septiembre, 2008
Argentina no gana pero como habla, macho
Son Campeones del Mundo, Sub 20, de los Juegos Olímpicos, de la guardería de mi barrio y Mundial Gay, el problema es que hace años que no ganan un carajo, en diez años han sacado dos jugadores de nivel mundial y parece que eso ya les pica porque no es normal la cantidad de chorradas que dicen. Acho, cómo hablan carajo. Maradona fue el más grande pero ya, basta ya, cada vez que abre la boca es para decir tonterías. Ahora la tomó con Messi. El otro, el Loco Gatti, que no salió de Argentina, que ganó tres miserables copitas importantes, parece que se sacó el vaso de wisky de la boca para decir que Casillas es un portero horrendo. Ya pibe, dejate de joder. Analicen su fútbol, sus fuerzas básicas, empiecen por ganar la Copa América, hagan algo porque se les va el tren. La culpa no es de Messi ni de Casillas. Sé que duele ver lo que está pasando pero el problema es Riquelme, el sobrevalorado de Tévez, el muerto de Cambiasso, el abuelo de Zanetti, Jonás no existe, no jodan a Messi, por su puesto a Casillas y más importante aún, bajen el ego que hace 22 años que dejaron de ser los más grandes.
Machitos, déjense de joder, dejen la droga y el alcohol, gánenle a Chile y Ecuador por favor, pero sobre todo no utilicen la táctica de G. W. no distraigan la atención del verdadero problema con comentarios imbéciles.
Con cariño que los quiero a todos.
Lunes, 1 Septiembre, 2008
La pesadilla de un viaje
Estamos de regreso en Miami tras una auténtica aventura en Jamaica. Tras ser golpeados por el Huracán Gustav el jueves en la noche, el viernes, sábado y domingo fueron todavía más tormentosos. Nuestro vuelo del viernes se canceló y nos confirmaron salir de Kingston el lunes a las seis de la mañana. Pensar que nos teníamos que quedar tres días más en una ciudad destrozada, sin nada que hacer, encerrados en el hotel con unas condiciones horribles, me producía una sensación de ansiedad terrible. Sobre todo porque hoy lunes salimos para Puerto Rico a las cuatro, lo que significaría que vería a mi familia unas horas nada más.
El viernes fue infernal en Kingston. Todo el día lloviendo, la ciudad estancada, encerrados en el lobby del hotel, sin aire acondicionado, sin luz (obviamente sin cable, sin Internet) sin suficiente comida, sin agua caliente y con el estrés de tener que dar seguimiento a la historia de Gustav. La gente se acumuló en el lobby del hotel, todo el mundo agobiado, estresado y empapados de sudor gritaban a los empleados, que peor que nosotros habían pasado toda la noche trabajando achicando agua de los pasillos y ahora intentaban calmar a unos hostiles huéspedes. Así pasamos todo el día y la noche del viernes hasta el sábado temprano donde decidimos acampar en el aeropuerto para poder viajar en lista de espera.
Nuestra compañía de vuelo nos indicó que el aeropuerto estaba cerrado pero en el tumulto de lobby del hotel alguien infiltró la información de que el sábado el aeropuerto estaría abierto. Acordamos con dos personas salir del hotel a las siete de la mañana para entrar en la lista de espera del primer vuelo. Nuestros dos cómplices no estaban en el lobby el sábado en la mañana, al llegar al aeropuerto descubrimos que habían madrugado llegando a las seis y comprando dos tickets partiría para casa a las diez, nos engañaron. Tras varias horas de sudor y discusión conseguimos un boleto para el vuelo de las diez del sábado. Por suerte me tocó a mí, pero me negué a viajar para no dejar al Gran Corky (José Corcino, el camarógrafo) solo en Jamaica. El aeropuerto estaba sin electricidad, repleto de gente discutiendo en las colas, en los mostradores, en las puertas de entrada, todo el mundo gritaba. Gente que llevaba desde el miércoles durmiendo en el suelo. Los empleados en los mostradores estaban histéricos aguantando las quejas de la gente, tenían que hacer la facturación a mano porque no funcionaban las computadoras, rellenaban la tarjeta de embarque y luego marcaban tu nombre en una lista inmensa donde estaban todos los pasajeros.
Así pasamos todo el sábado, con la ilusión de entran en la siguiente lista de espera y poder llegar a casa. El jueves me bañé con agua fría en el hotel, pasamos todo el día sudando, la noche del huracán sudando, el viernes sudando, la noche del viernes igual, todo el sábado sudando y sin podernos bañar. La noche del sábado la pasamos en el aeropuerto, sudando y obviamente sin conseguir un baño. Habíamos perdido la cuenta de los días que llevábamos sin una buena ducha. Sí, se pueden imaginar como estaba ese aeropuerto con gente desde el miércoles sin bañarse.
Por fin, el domingo a la una de la tarde conseguimos un vuelo a Miami. Primer escuché mi nombre pero no celebré hasta no escuchar el de Jose, era la única manera que podía regresar, solo si lo hacíamos los dos juntos. Nunca he estado tan feliz al escuchar el apellido Corcino. Al llegar a casa descubrí que había olvidado las llaves de mi coche y las camisas con las que había viajado, no me importó. Me di un buen baño, pasé un rato con mi familia y dormí toda la noche, feliz, en el fresquito de mi habitación. Ahora pienso los días que Franklin, Jolly y todas las personas que conocimos en Jamaica, seguirán sufriendo por las condiciones inhumanas en las que viven, y siempre con una sonrisa.
Hoy nos vamos a Puerto Rico. Esperemos que las aventuras terminen aquí y tengamos un viaje placentero para cubrir el Islanders contra el Alajuelense de Costa Rica.
Jueves, 28 Agosto, 2008
Pánico en Jamaica
Son las once de la noche del jueves en Kingston, Jamaica y las cosas se están poniendo bastante feas. La tormenta tropical Gustav está en estos momentos justo encima nuestro. Los vientos son terribles, para ser sincero, parecen mayores de las 70 millas por hora como reporta el Centro Nacional de Huracanes. Estamos atrapados en el hotel. El aparcamiento está inundando con más de un metro de agua. Los autos cubiertos por encima de la puerta. La piscina se desbordó hace dos horas. El patio completo está inundado. Ahora mismo los empleados de seguridad del hotel están tumbando a martillazos la pared de la casa del vecino que es una de las cuales está haciendo de presa y manteniendo parte del agua de este lado del hotel.
Hubiéramos querido grabar todo lo que está sucediendo, poder mostrarlo en vivo. Clandestinamente grabamos las habitaciones de los empleados inundadas, los pasillos encharcados llenos de toallas. Salimos por la escalera de incendios para grabar el aparcamiento. Nos tuvimos que esconder cuando vimos, al fondo del pasillo, aparecer al manager que nos prohibió filmar. Desde mi terraza grabamos como tumbaban la pared. La luz es pésima, no sabemos como habrá quedado la imagen. Al regresar por el pasillo hacia la habitación de José fuimos descubiertos por el manager y dos guardias de seguridad, nos escoltaron hasta nuestras habitaciones y nos dieron las buenas noches.
El complejo está situado en la parte baja de una calle y el torrente de agua que baja por esa calle es tremendo. Las personas de mantenimiento, hombres de 6 pies de estatura, no pueden mantener el equilibrio por la fuerza del agua. La peor parte se encuentra en la zona de atrás del hotel, de casualidad justo donde da mi terraza. Las casas de enfrente están inundadas hasta pasada la altura de la ventana. La pared de esa propiedad la están tumbando con un martillo. Es impresionante ver la cantidad de agua que desciende por la calle y la fuerza que lleva.
En el hotel las condiciones son precarias. La planta baja, donde duerme el servicio, está totalmente inundada. Conseguimos filmar los empleados, forzados a pasar la noche aquí, saliendo de sus habitaciones con las pocas pertenencias que tenían mientras nosotros intentábamos grabar las deprimentes escenas. El agua nos llegaba a los tobillos. Las señoras no daban abasto en el segundo piso secando el agua que entraba por las ventanas. Hay toallas cubriendo todo el suelo.
Horas antes el manager del Knutsford Court Hotel nos negó a José Corcino, el camarógrafo, y a mí dos chubasqueros para salir a grabar nuestro video. No nos dejó grabar en el hotel por lo que tuvimos que salir a la zona inundada. Nos dieron dos miserables bolsas de basura que con el viento nos duraron cinco minutos. Acabamos de agua hasta la ropa interior.
Ahora, ya por fin seco en mi habitación, escucho los gritos de los empleados en la calle que corren de un lado para otro. En su voz puedo adivinar preocupación y hasta miedo. Por los pasillos del hotel las que gritan son las empleadas. También corren en los dos sentidos. Los golpes con el martillo continúan sonando. Ahora se sumaron dos golpes distintos más pero no puedo ver muy bien de donde proceden. El silbido del viento es tremendo, reconozco que estoy un poco asustado aquí sentando en la cama con el ventanal justo enfrente, sin ningún tipo de protección y doblándose hacia dentro cuando viene una ráfaga fuerte de aire.
Se supone que nos marchábamos mañana pero el aeropuerto está cerrado. No tenemos reservación para la noche del viernes y me temo que nos van a echar del hotel por grabar sin permiso, pero hoy fuimos reporteros.
Jueves, 28 Agosto, 2008
Jamaica, una joya pedirda en el Caribe
Llevo dos días en Kingston, Jamaica y estoy afectado por el contraste entre la belleza del paisaje y la dejadez en que se encuentra la ciudad. He viajado por diversos lugares del continente, conozco varias zonas de México, he visto el tercer mundo en primera persona en Indonesia, pero Jamaica los supera a todos en decadencia.
Por lo general en todos estos lugares que les he mencionado hay una gran diferencia entre las zonas pobres y las zonas turísticas. La pobreza es mayor en Bali que en Jamaica, pero la zona de Nusa Dua (donde se encuentran los hoteles cinco estrellas) refleja el flujo de capital turístico. El contraste con el resto de la isla es grande, pero a pesar de la miseria, existe un espíritu de conservación de lo propio.
Esto no pasa en Jamaica, por eso digo que más que pobreza es dejadez y miseria compartidas. Las zonas turísticas de la capital están en un estado de abandono, el resto de la ciudad es deprimente. El dinero del turismo no se queda en Jamaica. Las grandes corporaciones pertenecen a extranjeros que no invierten en la mejora de la isla. La deuda externa es tan grande que el propio gobierno vive hipotecado sin poder mantener a flote su ciudad. Aún así la belleza rodea la miseria de la ciudad de una forma tan peculiar que no deja de atraerme.
La pobreza es tremenda. Niños descalzos, sin camisa pedaleando sus bicicletas que en cualquier momento pueden caer desmontadas. Cientos de personas sentadas en la calles, sin hacer nada, hablando, fumando y con ojos de abandono, se han rendido ante el sistema. Mujeres muy jóvenes cargando niños en pañales. Los huecos en las calles parecen llevar años ahí, erosionados por el tiempo y la lluvia. El calor y la agobiante humedad ralentizan todo. Las gallinas escarbando en las montañas de basura que se acumulan en las esquinas. Las cabras cruzando las calles buscando un trozo de pan duro que no le sobra a nadie. Los perros, desnutridos y cojeando, tienen el aspecto de ser más callejeros que en otros lugares. Los olores me impactan al recorrer las calles destrozadas por el paso del tiempo. Aceite quemado, comida frita, grasa, en cada esquina de los barrios pobres. Puestos de comida ambulante sucios, cocinando en barriles metálicos bajo unos toldos viejos de plástico para protegerse de las abundantes lluvias. El olor a tierra mojada no desaparece nunca al igual que la marihuana.
A pesar de todo, la belleza es insuperable. Hay algo del paisaje, de la gente, que me atrae. Las montañas tupidas por la espesa selva, imponentes, vigilan el atardecer en la bahía. El rojo ha invadido el ambiente. El sol, a escasos minutos de desaparecer, se deja ver entre unas gigantes nubes rojizas que marcan una bella silueta al otro lado del puerto. Unos barcos de carga oxidados esparcidos por el lugar, el dibujo de las casas en la ladera de la montaña y el olor al agua del mar me hacen olvidar la necesidad del lugar. La humedad ha desaparecido. La noche trae una cierta esperanza tras un día de un intenso sol, un brutal calor. Las sonrisas, los ojos, la piel, la amabilidad y la belleza innata de la mujer jamaiquina superan los límites de lo exótico. Un paraíso, una joya perdida en las aguas del Caribe.